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lunes, 25 de agosto de 2025

Yéndome

En cada cosa veo
un alma silenciosa que la llena,
diminuto deseo
de trascender a la existencia plena. 
Un hilito de agua, de agua que huye.
Un hilito de agua y todo confluye.
Un hilito de agua en la tierra muerta
y el verde despierta.
Dónde estaba la hierba mientras tanto,
en qué sueño dormía
¿y el ave que dice con su canto
que ya comienza el día?
Nos explica la piedra dónde estamos
con su duro lenguaje,
que pronto seremos miligramos
de sal en el paisaje.
Y la raíz del pino
que nunca se está quieta
es puro torbellino
y galerna discreta.
Quién sabe si es la prueba 
de que pensó ser lento
cohete que se eleva
a la sustancia azul del firmamento. 
El río puesto en pie
se va y me lleva,
me hace su caudal, me transparento.
No sé si volveré.

T. Galindo

16

Dieciséis casas,

en dieciséis casas he vivido mi vida.

Algunas, soy un afortunado, he podido llamar hogares,

pero también ha habido simples paradas entre tránsitos

y hasta alguna madriguera.

Son muchas, pueden parecer muchas

a esas gentes que nacen, viven y mueren

entre cuatro únicas paredes,

gente con raíces en la tierra

y no en las nubes como yo.

Nunca he sabido qué será mejor

ni me he imaginado así, anclado.

Hasta ahora,

no sé si por disfrutar de este paisaje

o cansado de mudanzas.

No hay dos con el mismo equipaje.

Dieciséis casas,

quince mudanzas,

aquí me quedo.

La próxima la haré con un solo mueble.

                                                                                 T.Galindo

martes, 31 de marzo de 2009

Audios y más audios

Al fin me he decidido a ordenar debidamente algunas secciones de audios, la mayorí­a de ellas extraí­das o usadas en programas de radio. Está todo ello en las entradas de la portada, arriba del todo.

El Túnel del Tiempo Un programa para escuchar canciones viejas, sin más pretensiones que hacernos recordar tiempos pretéritos, de cuando la radio reinaba en las casas y nos í­bamos al cole oyendo la sintoní­a del Cola~Cao, o la de Matilde, Perico y Periquí­n. Para volver a escuchar a la Piquer, Joselito, Marisol, Gardel, Machí­n, Los Brincos, Jorge Negrete, José Guardiola, El Dúo Dinámico, Juanito Valderrama… los grandes ésitos de la arradio.

Poesí­a recitada Poemas escogidos de grandes autores y Poesía Festiva.

La Papelera Un programa de radio de una hora de duración, que contiene poesí­a, cuentos, narraciones, reportajes, música y teatrillos radiofónicos.

viernes, 25 de marzo de 2005

Mecagüen el aicu

Los aicus y la madre que los trujo. No sé cómo fue que vinieron al habla hispana, pero muy bien podí­an haber seguido hechos ideogramas y pasitos de lagartija entintada, aquí­, en español, no pintan nada. Coño. Y es que ni el idioma tiene que ver con el nuestro, ni los nipones piensan de la misma forma; nuestra manera de ser necesita otro tipo de expresión, otro color, otro aire. El aicu vino a las letras hispanas desde el idioma inglés, donde encontró buen acomodo en su pronunciación tan onomatopéyica de las cosas. Pero nosotros hablamos una lengua romance, una lengua hecha al susurro, a la dulzura, a la exposición cognitiva de la imagen. ¿Qué fue de los tí­picos aleluyas, pareados, tréboles, seguiriyas, coplas, jotas, redondillas, quintillas, serventesios, cuartetas… ¿Vamos a pensar que lo nuestro es malo porque ¡igual lo puedes oí­r cantado en una copla!? ¡Horror! Hay que ser moderno al precio que sea y dejar lo bueno porque se ha quedado pasado de moda para estar a la onda, a una onda que nos es ajena. No, ahora la gilipollez esa de cinco, siete y cinco sí­labas, que en japonés quedará macanudo, pero en español como el culo. Eso sí­, no me extraña que triunfe, que arrase, claro… ¿quién no sabe componer un aicu? Un soneto, un romance… caray, pero ¿a quién puedes decirle que ese aicu que ha escrito es malo? ¡Es que tú no entiendes de poesí­a! -Te dirán. Cualquier tonterí­a tiene patente de corso si uno la disfraza de aicu. (Por cierto, los japoneses tienen un dicho que dice que no hay aicu ni gueisa sin belleza, pero que unos cuestan más dinero que otros. ¿lo pescas?)

Será verdad el amor
cuando pasa tanta gente
de dos en dos.

Por el cielo,
chico el pájaro,
grande el vuelo.
(Isabel Escudero)

Tu calle ya no es tu calle,
que es una calle cualquiera,
camino de cualquier parte.
(Manuel Machado)

Cuando se murió el canario
puse en la jaula un limón.
Soy un caso extraordinario
de imaginación.
(Francisco Vighi)

No la toques más
que así­ es la rosa.
(J.R. Jiménez)

Sólo después de la boda
advirtió que era otro modo
de seguir estando sola.
(Ezequiel Martí­nez Estrada)

Lo mejor del carnaval
es que te pones tu rostro
y nadie lo va a notar.
(Mario Benedetti)

Despierto y como no estás
No me suena el mundo a mundo.
Nunca a solas hay compás.
(Jorge Guillén)

viernes, 18 de marzo de 2005

Una velada maravillosa



Estaba muy nervioso. Llevaba mucho tiempo soñando con esto, y por fin, lo habí­a logrado. Me habí­a costado í­mprobos esfuerzos, pero al fin me habí­an admitido en el club, y lo mejor de todo es que esa noche iba a poder asistir con todo el grupo a un recital poético. Uno de veras, no por la tele, no, sino en vivo y en directo. Qué nervios. Esta noche se iban a medir dos de los grandes en la arena del Lyceo Vallecano, el Ripio Vallecano, contra el Real Poema, el actual campeón. Sabí­amos que iba a estar muy difí­cil, pero jugábamos con el factor campo, y los aficionados í­bamos dispuesto a darlo todo. Me puse mi terno negro con camisa blanca, me eché al cuello la bufanda con los colores del club, y nada más salir a la calle me encontré con algunos compañeros que se dirigí­an al Lyceo, y que ya vení­an calentitos de la taberna, entonando a pleno pulmón el himno «Con un verso y una perla y una pluma y una flor», que yo, emocionado, secundé con brí­o.
Tení­amos asiento al fondo del gallinero, pero ahí­ es donde mejor se viven estas lides. La gente discutí­a gesticulante sobre quién debí­a salir primero, y sobre si habí­a que atacar duro desde el principio, o ir a verlas venir, y según recitaran los del real, contraatacarles. Se comentaban también los resultados de los recitales anticipados de la ví­spera, con la contundente victoria del Verso Club Barcelona sobre el colista, el Monorrimo Logroñés; y la sorpresa de la derrota en casa del Athletic Versolari de Bilbao contra el Cádiz Murga Club.
-¡Tení­amos que haber fichado a Ripiete, cuando nos lo ofreció el Milonga del Plata! -decí­an los entendidos.
-¡Pero si es un paquete, si no hila un pareado!
-Porque lo suyo es el verso blanco, que no lo entendéis….
-¡Verso blanco, verso blanco… eso en Europa no cuaja, eso va bien para el juego americano, que es así­, florido y vistoso, pero en Europa se juega más disciplinado.
-¡Ahí­, ahí­! muy bien dicho – afirmó mi compañero de asiento, Enrique, que es un poco bruto, pero muy sincero y cabal – Aquí­ esas florituras no cuajan, aquí­ hay que salir a la palestra dominando la lira y el soneto.
-¡Huy el soneto! – terció otro que no conocí­a pero que llevaba el arpa de oro en el ojal – ¡Si ya no quedan sonetistas! Ya ve usted, ahora hacen los sonetos rimando los dos cuartetos con distinta rima ¡dónde se ha visto eso!
-Sí­ señor, muy bien dicho.
Y entre estas y otras expresiones, nos dimos cuenta de que ya estaba la mesa llena, con los rapsodas a ambos lados, los árbitros en medio, atentos a cualquier infracción, y la moneda en el aire. Sacaron ellos.
En fin, no podrí­a contar detalladamente cómo fue el partido, pero desde luego que es distinto que en la tele, aunque aquí­ no repiten los mejores versos, ni las faltas. Pero, ah… el ambiente, el ambiente hace mucho, se respira la poesí­a como no se consigue en casa repantingados con la birra y las patatas. ¡Y los pateos cuando recita el contrario! Oh, es algo épico, un sonido que te pierdes si no estás ahí­ viviéndolo. Se me han quedado algunas estampas en la memoria, eso sí­, claro. Bueno, ahí­ es nada… haber visto a Lorquí­n II metiendo una metáfora sobre el corazón en un poema con los versos finales rimados en esdrújula. ¡Lástima que no jugase con nosotros porque es un artistazo! La gente, bueno, su hinchada, que estaban al otro lado del foro, le gritaba ¡futbolista, futbolista! Qué cosas discurren…
Los nuestros estuvieron bien, el maestro Machadillo aguantó a pie firme, qué presencia de ánimo, y qué bien supo parar unas liras de Campoamores y contrarrestar con un romance épico. Y Paco Quevedón hizo una de las suyas, empezó con lo que parecí­an unos tréboles encadenados y allá que se fue, hasta que lo tuvieron que parar en falta, con unas vozarradas tremendas del Loco Panero, gritando ¡lobotomí­zame! qué bruto, que se lo tuvieron que llevar en camilla, con una angustia vital tremenda. Si es que no sé cómo dejan jugar a ese salvaje. Y que el árbitro hizo la vista gorda, claro, como es del real… La verdad es que estuvo bien y reñido. Al final se impuso la lógica y los millones, claro. Y es que un equipo que se permite el lujo de tener en el banquillo cuatro premios Adonais… pues claro, a los humildes los arrasan, por algo les llaman «los parnásicos». Entre Neru y los extranjeros, Eliot, Quasimodo… ufs… nos bailaron. Que si una égloga, mí­a, tuya, zas, y el pobre de Zorrillita a verlas venir. Y al final el propio Juan Ramón nos metió un soneto ¡con estrámbote! En fin, menos mal que tenemos más moral que el Gongorino. Al final, pitos, palmas, la gente que gritaba «Villenistas, que sois unos Villenistas», «Anda que ni con Benedetti en la banda atináis» y otros insultos por el estilo. Y a la salida, nos largamos todos juntos a «El kiosko de malaquita» a ver si llegábamos a ver el tercer tiempo con las repeticiones.
Es lo que tiene la tele, que no te pierdes el detalle. Yo en la cancha no me enteré de la mitad. Sólo oí­ claramente a Sabi diciendo «…la juventud sólo puede lleganos por contagio», que luego salió en las mejores jugadas. Es lo que más me gusta del programa, tengo toda la temporada grabada. Tengo a Galetti, del Córdoba, en una que dice «Dónde pudo perderse tanto ruido, /tanto amor, tanto encanto, tanta risa / tanta campana como se ha perdido» Esa es buena, eh. Esa se la metió al Real Betis Epistólicomoral y le dio el triunfo. Y unos «Pasos sobre el papel» de Jaimito Siles muy buenos… «Hoy todas las palabras me vinieron a ver», qué bueno es, qué estilazo tiene. Disfruté mucho con una de un chico de segunda división pero capaz de grandes cosas, Tejadilla: «…pasar lista al amor, y, pues no vino / echar el corazón fuera, a buscarlo». Tengo un paradón tremendo de Javi Salvago, hostia, qué manera de cortar: -«Es el amor que pasa. – Pues que llame a otra puerta». Y un regate de Isabelo Escudero muy bonito: «Será verdad el amor /cuando ves pasar la gente / de dos en dos». Qué elegancia. Pero de entre todas, la que más me gusta, aquello con lo que me quedo, es con el juego alegre, siempre oportuno, siempre ahí­, preciso, asistiéndote, de Guillenete: «Amigos. Nadie más. El resto es selva». ¿Y tú de cuál eres?

lunes, 7 de febrero de 2005

De mi poco respeto por la poesí­a y otras artes

Intencionadamente no sale más bonito
Tengo el convencimiento de que no llamamos poesí­a, o música, o pintura sino a lo que en realidad es sólo una parte de la poesí­a, o la música, o la pintura, por citar aquellas artes que más nos impactan o que más cotidianas se nos hacen. Quizá en nuestro afan de apoderarnos de todo lo que nos rodea hayamos querido, incluso, hacerlo de aquello que es intangible, inconsustancial, y que atañe a la parte espiritual de las cosas. Porque se puede decir que las mismas rocas tienen parte espiritual desde que se la damos mirándolas y entendiéndolas. No creo que nos entre más música por las orejotas oyendo a Mozart o a los Rolling, que oyendo fluí­r un arrolluelo primaveral. Ni creo que los pinceles de don Vincent Van o don Pablo Ruiz excedan en arte a la naturaleza cuando pinta las cortezas de los abedules. Y en cuanto a la poesí­a, ah, la poesí­a… mucho celebramos a los Nerudas y los Machados, pero el otro dí­a andaba yo paseando y un nene que jugueteaba en el parque le decí­a a su abuelito: «Yayo ¿cuando las flores vuelan se llaman mariposas?». El yayo le gruñó para quitárselo de encima. Porque quizá el hombre no ha inventado la poesí­a, la música o la pintura, pero sí­ que ha inventado todo lo contrario.