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martes, 7 de julio de 2026

El ataque de las noticias zombis

Tomás Galindo - El ataque de las noticias zombis

Sufrimos, es verdad, el ataque de las noticias zombis, que nos rodean y nos sobrepasan, todo son noticias y más noticias, vivimos en una inundación de noticias que, además, no nos interesan en lo particular, quizá puede que nos interesen como hormiguero, pero como hormiguita con tu grano al hombro no.  Y es que esto no ha sido siempre así, las noticias nos están cambiando, no es que nos informen, es que nos cambian.  ¿Qué nos ha pasado?

El hombre despertaba por la mañana y la noticia era el tiempo.  Miraba por la ventana a ver cómo pintaba el día ¿hará frío o calor?  ¿Lloverá?  Del clima dependía mucho su vida y era un tema de conversación, y aun de polémica, cuando se juntaba con otros. Entonces los viejos tenían mucha importancia, la experiencia les ayudaba a prevenir los cambios o devenires del clima y eran los que aconsejaban el día de empezar la siega o de salir con las ovejas de viaje.  El tiempo, noticia bomba era. Luego estaba lo de la vaca, si se habría preñao, esto era motivo de controversia y de inquisitoria vecinal; o lo de los franceses, los alemanes o los vecinos que sonaran ¿sería verdad que había una guerra con la Francia o que los fulanos estaba reñidos con los menganos?  De eso seguramente se enteraría en tres o cuatro días por el tío Dimas, que había bajado a la capital a apalabrar lo del aceite y traería noticias.  Nuestras guerras eran los de villarriba con villabajo que habían movido el mojón los muy hideputas y decían que la vaguada de la virgen siempre había sido suya.  Noticia de interés general.

La mujer despertaba al orto (al orto español, no al argentino) y la noticia era el huevo.  ¿Habría puesto la Margarita?  Qué gallina más buena les había salido, hay que ver qué ponedora, ojalá alguna de las pollitas saliera a la madre. La noticia diaria, vamos.  La madre, luego había que dar vuelta por la tumba de madre, que hoy hacía años de su muerte, Dios Nuestro Señor, la virgen de la vega y san roque la tengan en su seno, y había que limpiar la lápida y ponerle flores.  Se pasaría a buscar a la Ginesica y se llevaría la azadica o la escardadera pequeña para limpiar la mala hierba.  Y tenía que enterarse de si era verdad lo que decían de que había subido tantísmo, tantismo, la vara de tela ¡Jesús! y ella que tenía que comprar un corte de tela para hacerle a su Casildica una falda, a ver cómo se las apañaba.  Ah, y la leche para los críos, mandaría al Pablico a que le diera la leche la Ginesica; a ver si se quedaba preñada de una vez la vaca, que una casa sin leche es como una casa sin el Sagrado Corazón de Jesús.  Esto era básicamente en casa, en las casas ¡pero qué más noticias quieres!

La noticia era cosa de una vez al mes, en los pueblos grandes, y en las ciudades había más, quizá había una noticia a la semana.  Luego, con los adelantos técnicos, empezó a haber noticias diarias... y hasta ahora.

La cuestión es ¿nos tienen que interesar todas?  ¿Todo lo que pasa en el mundo requiere nuestra atención, nuestro vivo interés, nuestra actuación, nuestra toma de posición al respecto?  Necesito que alguien me aclare esto, porque estoy en un sinvivir.  Creo que soy mala persona, que soy malo, sí, malvado.  ¿Salvo las ballenas?  ¿Apadrino un niño? ¿Voy a la mani por lo de la cosa esa?  ¿Qué digo si me preguntan por la huelga de los yoquésé? ¿Ha perdido España el partido de la copa esa? ¿Y por Palestina, eh, qué hago yo por Palestina? ¿Y por los migrantes?  Antes eran emigrantes, pero ahora que todo es e- como e-mail, e-book, e-commerce no hay e-migrantes, sólo migrantes ¡qué hago yo por los migrantes, por el feminismo, por los gays. ¡Diosssssss!

Me levanto por la mañana y hay miles de noticias que requieren mi interés, mi posicionamiento.  Luego me pedirán la firma para protestar por lo de la incineradora que nos quieren poner, o para remodelar el parque ¿firmo o no firmo?  Vendrá a venderme lotería del Niño ese señor tan pesado de la asociación para no sé qué síndrome ¿cómo puedo no comprársela y seguir teniendo su estima?  Porque lo peor no es que las noticias pasen a tu lado molestándote, no, es que te atacan, te invaden, te golpean, no se conforman con que las veas, oigas, leas, no, quieren respuesta y posicionamiento, quieren su feedback, quieren retroalimentarse... de tu sangre, las noticias son los vampiros de la atención.

Miles, miles de noticias, todas mirándome.  ¡Ellas a mí, sí! ¡Estamos aquí: míranos!  Somos los fantasmas del mundo moderno que te asaltamos desde los cuatro puntos cardinales con la política de USA, con la guerra de oriente medio, con la mafia rusa, con la intifada, con la vivienda precaria, con el tsunami, el monzón, el incendio forestal, con la corrupción política, con los jueces estrella.

¿Y todo tiene que importarme? ¿Es obligatorio que me importe todo lo que pasa en el mundo?  Seré sincero:  tanta responsabilidad excede mi capacidad de asimilación, de entendimiento y desde luego, de respuesta.  Sin contar con que la mitad de los días me importa todo un pimiento, porque si, y ya se puede caer la torre de Pisa que me la suda y, claro, me siento tan mal, tan culpable...  En serio ¿soy malo? 

Hoy hace buen día aquí, esa es mi noticia de hoy, oye, no necesito más. No me contesto nada que me pregunten los periódicos, pero... si mi única pregunta es... ¿Y hoy que hago de comer...?




miércoles, 29 de abril de 2026

Contra las rubias de bote

Veo la foto de una amiga, casualmente, y observo horrorizado que es rubia. Santo cielo, una morena de nacimiento y ahora es descaradamente rubia. Ello me llama la atención y me pregunto por qué este desmedido afán por clarear el pelo. ¿Qué ventaja obtiene la mujer rubia ante la morena? ¿Qué superior condición ejerce la una sobre la otra? ¿Cuáles son los méritos del cabello rubio o los deméritos del castaño o negro? ¿Qué hace que una mujer se vea impelida durante casi toda su vida a vestir su cabello con un color que le es ajeno? Muchas y muy oscuras incógnitas que no atino a despejar. Dicen que los caballeros las prefieren rubias, para a continuación aclarar que «pero se casan con las morenas», seguramente por algo que, al fin, he descubierto. Al fin, cayó la venda de mis ojos. Después de lo de los reyes magos, después de lo de la cigüeña, después de lo del ratoncito pérez, he llegado a la conclusión de que las rubias, sí­, las rubias… ¡no existen! No hay mujeres rubias, son una invención, un mito, una fábula. Son como la esfinge, el grifo, el unicornio, personajes acendrados de nuestra cultura, pero inexistentes. Quizá el hombre de cromañón o el neandertal ya comenzaran a suspirar por una hembra de imagen distinta a la propia (cosa frecuente en la persona, que siempre ansí­a aquello que no tiene y desdeña lo obtenido) y, por dotarla de atributos con que distinguir el sueño de lo palpable la hicieron con el cabello rubio y no oscuro. Una ensoñación, un juego, una parábola, eso es la rubia, la mujer capaz de contener en sí­ la belleza de lo etéreo. El pobre neandertal era un poeta que envolví­a a su mujer en el aura de lo sobrenatural y la clarificaba, y en sus aspiraciones le salí­a rubia, veí­a a esa compañera suya admirable como algo que lo superaba; esa persona capaz de engendrar, de asir su humanidad a la tierra; de unirle con lo infinito, como una cuasi diosa que hubiera descendido y condescendido a convivir con él y, asombrado, la contemplaba babeante, enamorado, y la magnificaba como podí­a: envolviéndola en un aura irreal, y así­, le veí­a el pelo claro. Y la mujer, incapaz de sublimarse fí­sica y mentalmente hasta tan altas metas, se tiñó. No, no alcanzó la deidad, no se hizo hada, no se transformó en la ninfa soñada: se tiñó. Hete aquí­ que el hombre, tonto de sí­, se conforma con su sueño de bote y con su rubia de bote y no quiere ir más allá buscándole a la parienta calidades oní­ricas, ni está para esos trotes metafí­sicos cuando vuelve del taller o la oficina. El homo actual se enciende mirando pasar las rubias huidiza y distraidamente, cuando no se da cuenta la parienta, y se las imagina rubias naturales, y no como la suya, y por eso apaga la luz en el lecho, para no verle el felpudo tan terrestre y veraz, y hacer cisco su fingimiento de dicha.
Por ello, os prevengo contra las rubias de bote y os aconsejo que os prendáis, como yo, de una buena morena de las de toda la vida. Una morena va por ahí­ diciendo que es como es, y la tomas o la dejas, pero sabiendo lo que tienes entre manos. Ser morena y llevarlo con desenvoltura es como ir por la vida diciendo «menuda soy yo». Las rubias de bote no pueden sino ser simuladas y descontentadizas, una persona llana y sincera difí­cilmente puede casar con un espí­ritu que propende al disfraz y la tintura. ¿Rubias? No, gracias.

martes, 28 de abril de 2026

A favor de las rubias de bote (qué remedio...)

Uno puede esforzarse (aunque yo no mucho) en escribir algo profundo, meritorio, que mueva las conciencias de los lectores, que conmueva sus ánimos, pero lo que realmente les moviliza es que les toquen «lo suyo». Escribo una diatriba contra las rubias de bote y zas, me ponen a bajar de un burro ¡nunca habí­a tenido tal éxito!. Siguen asaltándome las dudas, de otra í­ndole esta vez: ¿será por haberme metido contra las rubias, o será por haberme metido contra algo? Cuando uno va contra lo que sea, siempre encuentra más reacciones que cuando se pronuncia a favor. Que voy contra las rubias, pues las rubias se quejan y las morenas jalean. Parece que cuando uno va contra algo, aquello se vea más definido. A favor de algo se puede ir de mil formas, y cada uno tiene una idea distinta de cómo conseguir una cosa, pero en contra vale lo que sea, insultos, pedradas, balazos, ahí­ somos todos una piña. Igual es cuestión de sacar una nueva sección que se llame «Contra esto y aquello». ¿Con qué conseguiré más adeptos? ¿Contra la regla? ¿Contra la alopecia? ¿Contra la zona azul? ¿Contra la subida del IPC?
Reconozco que me equivoqué, no debí­ hablar contra las rubias de bote, al fin y al cabo qué hacen ellas sino contribuir a alegrarnos la vida, a darle mayor color al entorno, a dotar de variedad las relaciones. Sí­, hoy, dolido y arrepentido por mi relación apresurada, por mi liviano sopesar de algunas circunstancias, se ha hecho la luz en mí­, y veo con claridad. Reniego de mis palabras de ayer, y pues rectificar es de sabios, pero sobre todo es de equivocados, yo rectifico. Si desde tiempos inmemoriales se loa a las rubias es, sin duda, porque su contribución a mejorar la estética femenina es portentosa. Esas cascadas de pelo dorado, esas melenas de cerveza o miel, esas trigueñas, esas impactantes rubias platino jolivudenses, esas peligrosas pelirrojas, qué mosaico de cabellos coloridos. ¿No pintamos las paredes? ¿No nos vestimos de prendas vistosas, alegres y nos enjoyamos? ¿Pues por qué ha de ser dañino ni ha de denotar poquedad de carácter algo tan inocente como teñirse el pelo? Antes bien, el marido no sólo no ha de desconfiar de su esposa porque esta se tiña, no, sino que ha de agradecerle que se arregle y engalane, y que esté pendiente del cuido de su aspecto. Las rubias de bote deberí­an estar subvencionadas por el estado, es más, creo que en Francia, que cuidan mucho esto de la promoción de sus tópicos patrios (la mujer, la cocina, el tour, el europeismo) los botes de teñir rubias gozan de una exención de impuestos, por eso han inventado expresiones como «connaisseur», «bon vivant» o «voyeur» para distintas calidades gustativas. Además, en España, paí­s de bajitos y morenos, deberí­a potenciarse muy especialmente lo rubio para salirnos de la rutina visual. Qué voy a decir yo sin tirar piedras a mi tejado, cuando tengo el pelo de la cabeza castaño, la barba entrecana y el bigote rubio. Si, voto a favor de la rubia de bote, de la platinada de bote, de la pelirroja de bote, de la morada de bote si fuera necesario, qué mejor marco para una belleza femenina que aquel color de cabello que mejor le cuadre. ¿Por qué limitarse al mismo monotono color de pelo toda la vida? ¡Si hasta han sacado lentillas de colores para variar el de los ojos, y hete aquí­ que unos ojos pardos trasmutan en garzos o glaucos por obra y gracia de la cosmética. Rubias, vengan rubias, con sus botes de tinte rubio en la mano, y sus ganas de agradar a la sociedad y hacerla más amable y llevadera.

lunes, 27 de marzo de 2023

Sic transit

Hoy que el Amor se quitó la venda,
que la Inocencia nos enseña el tanga,
que a la Justicia en su juzgado enfanga
cualquier togado por cualquier prebenda.
Si la Concordia ya es una leyenda,
la Urbanidad es pura bullaranga,
y comprar el Derecho es una ganga
que se inclina a favor de quien dependa.
Hoy la Familia no se relaciona,
la Intimidad a voces se pregona
Y la Elegancia se volvió grosera.
La Cultura perece en la intentona
de poder alumbrar tanta ceguera,
y la Razón ni está ni se la espera.

T.Galindo ©

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Adiós, libro, adiós

Y aquí duermen el sueño de la cultura la mitad de ellos, en esta librería de la biblioteca del Instituto de Otxarkoaga, en Bilbao:






miércoles, 8 de abril de 2020

domingo, 5 de noviembre de 2017

Gracias señor Levi Strauss

Acabo de acordarme de que hace como cuarenta años que me compré este jersey en el Corte Inglés de la Plaça de Catalunya. Y ahí está, tras mil lavados y muchísmo uso, como el primer día… ¡yo también!  Sí, sí, cuarenta, o más.

jueves, 28 de abril de 2016

La alfombra majica

alfombrilla2016.jpgFeliz cumpleaños, le dije a mi querida alfombrilla al poner mi mano sobre ella esta mañana. Qué de añitos ya juntos, parece que fue ayer ¿recuerdas? cuando te me regalaron al comprar mi ordenador, aquel ordenador con el sistema operativo 3.11 de windows, aunque pronto lo reemplacé por el maravilloso 95. Lo que sí recuerdo fue que era en el mes de abril, el año no ¡no se puede estar en todo!
Qué de aventuras juntos, navegar por el proceloso océano internáutico, descubrir los procesadores de texto y los de tratamiento de gráficos, aquel Corel que hacía la competencia a Photoshop, las primeras páginas web… Cuánto has tenido que padecer a mi lado, golpes de ratón cuando me enfadaba, vertidos de cerveza (sin) y de té, manchurrones de chorizamen, tortillas varias, salsas, refregones con quesos, cruasanes mantequillosos y helados goteantes. Ah.
Otro ya te habría cambiado por una nueva, incluso me regalaron algunas, pero yo me resisto a no verte, como siempre, ahí, haciéndome el callo en la muñeca derecha. Como dios manda, y por muchos años.
(Nota: recordar escribir un artículo sobre el jersey Levys que compré en 1980, que está como nuevo ¡y me vale!, otro sobre la silla sobre la que me siento desde 1982, ah, y sobre el par de gafas Rayban que compré en el 77…)

miércoles, 31 de octubre de 2012

La solución Gila


Yo tengo la solución. Hay que hacer como Gila para capturar a los criminales.

Propongo que derribemos el gobierno a indirectas. Soltamos la frase y silbamos mirando hacia otro lado… Pues algún gobernante decía que no iba a subir el IVA… Pues uno con barbitas y gafas explicaba que con él habría menos paro… Pues cierto partido político se quejaba de que dieran dinero a los bancos… Puessss… alguien decía que nunca tocaría servicios básicos como sanidad o educación…

Y así, ea, hasta que pasen tanta vergüenza que no sean capaces de salir de casa. ¡Vamos!

lunes, 24 de septiembre de 2012

Breve introducción al pensamiento chispúndico.

Antes había filosofía. Filósofos… gente que hablaba de temas trascendentes razonando, discutiendo, escuchando. Ahora hay una invasión de frases tan bonitas como intrascendentes. Cada vez que leo una, cualquiera, se me ocurren cuatro objeciones que ponerle. ¡Lo que me cuesta refrenarme! Pobres Neruda, Tagore, Benedetti, Sócrates, Kipling, Borges, y todos esos pensadores que os habéis convertido en frases sin contexto soltadas como un pedo en un ascensor, sin la compañía de su exposición, de su lógica y de su enseñanza. Un día temo ver a la gente por la calle con papelitos de esos que se pegan adheridos a la frente, a la camisa, a las mejillas, a las manos, llenos de frases inteligentes como diciendo a los demás: ¡Mira, yo pienso!

El refranero popular ha dejado paso al postit filosófico y el argumento ha devenido en eslogan, primando la vistosidad de lo dicho sobre su enseñanza. Cada uno de estos pensamientos parece querer ser premiado por quien lo lee con un: ¡Toma, qué verdad más gorda, y yo sin haberlo pensado! Pero si realmente te detienes a meditarlo sólo ves lo mismo que has visto mil veces, escrito de otra forma. Escrito prêt à porter. Lo peor es que uno pone una frase de estas en su vida (llamemos vida a lo que sacas en feisbuc o tuiter o en tu blog), y nadie se lo contesta, ni a favor ni en contra; sino que te sacuden otra estampita con un bebé, o un perrito oliendo una flor, o una parejita abrazándose y… ¡otro pensamiento etico-pictórico-moral al canto como respuesta! ¡Mira, yo también pienso! (O sé dónde están las webs de pensamientos lindos para enlazar a mi blog). Y cómo puede ser pernicioso un pensamiento con un perrito oliendo una flor…

La filosofía que no suscita discusión suscita mis sospechas. La filosofía por elección simple también. Ir a la tienda de filosofía, leer mil pensamientos y escoger cuatro y llevártelos (no, no me los envuelva, me los llevo puestos) es malo. Uno puede elegir una forma de pensar, pero también está eligiendo una forma de no pensar. Y si eliges el pensamiento «A», tienes la obligación moral de contestar al erróneo y contrario pensamiento «B» y no dejarlo en la estantería con un simple mohín. En la tienda de la filosofía se escoge todo, lo que te gusta y lo que no te gusta, y todo te lo tienes que llevar a casa, para practicarlo y enseñarlo, por bueno; o para combatirlo y denostarlo por malo y perjudicial para los demás. A eso se le solía denominar carácter. Y es que hay filosofía buena y mala, pero no inocua.

Una variante tanto más peligrosa consiste en esas poesías medianas o largas sobre la vida, llenas de enseñanzas benévolas, que acaban con la firma de alguno de los anteriormente citados. Los incautos las leen y se dicen, oh, qué gran poetifilósofo era este señor, qué prócer. Uno (o sea, yo) lee el poemón de marras y observa que Borges ni borracho hilaría tanta mamarrachada ni tanto desastre gramático; o que algunas palabras y conceptos no existían en tiempos de Sócrates o Kipling. Y es que algún desaprensivo, o simplemente memo, ha leído el poemón, extraído de un libro de esos de autoayuda, o de un calendario de esas brumosas iglesias yanquis de largos nombres (o de una canción de un roquero estupefacto), y se ha dicho: «Esto tan inteligente y que me clarifica tanto la vida me suena que lo ha tenido que escribir Neruda, que es ese poeta tan bueno que lo cantan los chalchaleros en eso de abre la muralla, cierra la muralla» Y zas, lo suelta en su feisbuc con la firma de Tagore. ¿O igual era Benedetti? Bueno, ahora no lo voy a borrar…
Fea acción.
Pero ¿es más feo dejar pasar el poemón abstruso, el agudo sofisma, la mentira vestida de Prada sin ponerle peros, o responder al amigo número 183 de la lista que su poema no es de quien dice y que no es un poema, sino una sarta de obviedades mal hiladas y de dudosa consistencia lógica? Tu bi or no tu bi.

Pensar, lo que se dice pensar, cada día se hace más cuesta arriba, en cambio lo chispúndico arrasa.

No piense, nosotros se lo damos hecho y sólo tiene que escoger.

lunes, 14 de mayo de 2012

Una voce poco fa

Lo cual que estaba yo cotorreando por yutub buscando una zarzuela para lo del programa de radio, y me salió por ahí Kraus, y no sé cómo de Kraus pasé a Irina Garanca porque vi que cantaba «Una voce poco fa», que es una de mis arias favoritas y ya pues me la oí de cabo a rabo. A la derecha aparecían otras versiones, la de la Tebaldi, la de la Callas, y empecé a ir comparando y saltando a otras piezas, la barcarola que también y tan bien canta Garanca con Netrebko, y seguían saliendo piezas a la derecha, la Reina de la Noche con Damrau, el Nessun Dorma de Pavarotti, La Donna è Mobile de Kraus… creo que me quedé como un tonto de baba oyendo Bella Figlia dell’Amore, y no sé cuándo empezaron a caerme lagrimones. Una voce molto fa.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Prohibido fumar en este blog

¿Realmente hacen falta tantos bares? Yo creo que sobran la mitad. Los bares no son una industria productiva y útil a la sociedad. Si usáramos los bares sólo por necesidad y no por vicio, por el vicio de beber alcohol, sobrarían más de la mitad. Que también es tonto en el mismo sitio prohibir una droga y permitir otra quizá peor. Esto de mezclar un vicio que perjudica a la sociedad, con el ocio y la cultura con que disfrazamos el consumo de alcohol y el no saber a dónde ir en cuadrilla si no es a beber, es uno de nuestros más graves quebrantos económicos. Sobran bares, aportan poco bueno, encarecen la vida, forman adictos a ellos hasta el punto de que mucha gente no sabe divertirse si no es en un bar (y eso es un gran problema).
La propietaria de un bar, advierte en un periódico que «si la gente empieza a quedarse en casa corremos el riesgo de convertirnos en suizos o alemanes». ¡Coño! ¿Y eso es una amenaza? Si luego siempre estamos poniendo a esa gente como ejemplo de civismo y de actitud social positiva, y quejándonos de que no somos como ellos. ¿En qué quedamos? Por otra parte, nunca he creído que en esos países donde a las diez de la noche están las calles desiertas estén poblados por infelices gentes que no se divierten nunca. Lo dicho, sobran bares, y si la gente va menos a ellos, el conjunto de la sociedad ganará.

miércoles, 7 de julio de 2010

El juego de las 400 diferencias

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Imagen 1

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Imagen 2

¿Qué 400 diferencias ves de la primera a la segunda imagen?

Efectivamente, en la segunda imagen hay 400 libros más que en la primera. Sí. Metiditos todos en mi lector de libros electrónico. ¡Ay, me tiene encantado! Es cómodo de leer, no fatiga nada, se pueden poner apuntes, subrayar, dibujar tonterías en las páginas… en fin, como un libro de papel. Pero además no se te olvida nunca por qué página vas, incluso aunque alternes la lectura de varios libros de vez. Ahora mismo llevo algo más de 400 libros pero calculo que me caben como 4.000 ¡no está mal! Y si necesito más espacio, meto otra ficha y serán 8.000. La batería dura semanas y los libros están casi todos, quizá los más nuevos tarden algo más en llegar que a las librerías, pero sorprende la cantidad de libros de actualidad que puedes encontrar. En realidad lo compré por ahorrar, ya que yo venía haciendo cada dos o tres meses un pedido de libros por internet, hasta que me decidí por el lector, no es barato, pero lo cierto es que ya lo tengo amortizado y superamortizado, sólo con los libros que ya he metido dentro cuestan varias veces lo que el aparato, así que puedo decir que me ha salido gratis. No es verdad que se eche de menos el papel, yo a los cinco minutos de leer así ya me había olvidado del papel, se lee realmente bien y cómodo, no fatiga la vista, porque no desprende luz, si no tienes luz no lees, como con el papel, y te puedes ir de vacaciones y llevarte toda la biblioteca en el bolsillo.

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miércoles, 3 de marzo de 2010

Los chistes de mi padre

O aquel de las pueblerinas que preguntaban -«¿A tú te gusta esto?» Y el otro les dijo -«Que no se dice tú, que se dice ti» Y luego iban dándoselas de finas diciendo…


(de Juan)

lunes, 1 de marzo de 2010

No me gusta bajar la basura

Pero reconozco que es cierto el viejo dicho de que, cuando menos se piensa, salta la liebre. Cruzaba la calle rumbo al contenedor cuando, de repente, zas, recibí una impresión lunática en toda la retina.
La luna es lo que tiene, que a veces te sorprende, tan llena, tan redonda, tan suya, allá en lo alto.