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miércoles, 15 de abril de 2026

Estamos locos

 Estamos locos,

locos locos,

los que buscamos el camino de los pájaros,

los que encontramos azules en el bosque,

carmín en la mejilla,

salimos en lo oscuro a mirar

las que nos faltan en lo alto, 

y ya no brillan.

Estamos locos

porque volvemos a ver cada mañana

la alegría a la mesa, con café,

porque silbamos,

porque bajamos alegres escaleras

y de charcos alegres salpicamos,

creciendo en las llagas de la acera,

la tenaz victoria de lo verde.

Qué locos estamos que no vemos

la paja en ojo ajeno,

la lágrima en el propio.

Qué locos, que tenemos

perrito que nos ladre,

que llevamos limosna y caramelos,

que besamos a pares,

que abrazamos a cientos

Estamos locos,

locos de desatar

que sólo queremos

ser locos sin la cuerda,

sensatamente locos

antes que insensatos cuerdos.

                                                                               T.G. ©


miércoles, 25 de marzo de 2026

Fina historia de la anciana y la sandía

sábado, 3 de enero de 2026

Mi estatua

 Me he enamorado de una estatua

(ella no lo sabe)

no sé cómo decírselo, 

es tan recta la puñetera,

temo que me mire (que me siga mirando)

sin verme,

como mirando más allá de mí, atravesándome,

y no preste atención a mis palabras.

Porque ella es alguien

y además era alguien

y yo no soy nada

ni seré nada,

qué podría ofrecerle,

ni un friso que la peine,

pedestal que la eleve,

ni verso que la loe:

"Exaltación a la Primavera".

Sublimación corpórea

de romántico amor

que miro con dolor

en imagen marmórea,

tus pétreas caderas

no puedo acariciar,

sólo puedo mirar

tus curvas placenteras.

Fuera de ti no hallo

mujer que te asemeje,

dejaré la sociedad, los bares, las veladas,

conversaciones huecas 

que con huecas muchachas mantengo adormilado

y vendré a la glorieta

donde vences inmensa, eterna y rutilante

y viviré en el parque vendiendo chucherías

a tu sombra.

                                                                                                T.G. ©

martes, 2 de marzo de 2021

Mal pagan los poetas

La rosa blanca que plantó el poeta
se supo viva, única, preciosa,
y no se conformó con ser la rosa
que ve pasar la vida en su maceta.
El poeta le dijo estate quieta
porque yo te hice flor, no mariposa,
que tú eres la belleza que reposa
y la quietud te enmarca y te completa.
Y fue la bella que reinó un momento
un asombro de gracia y hermosura.
Luego se marchitó. Con un lamento
se desmontó su linda arquitectura
y sin mostrar ningún remordimiento
el poeta la echó, sin más, a la basura.

  T.Galindo ©

jueves, 26 de octubre de 2017

Ser poeta

Lo importante, me dijo, no es ser poeta,
lo importante es beber con los poetas ¿tú me entiendes?
mear contra la misma pared con el concepto en la boca,
birlarles las novias, pobrecitos, a los que tengan,
ahí radica el arte.
No, no es la grave reflexión ante la cuadrícula,
es sacar de fumar y decir pestes de este o aquel,
o elevar a las parnásicas nubes al elevable.
Sobre todo bendecir al maldito
y abrir bien la boca cuando se trate de comulgar con sus piedras de molino.
Amigo ¿a quién le importa un papel que vuela,
una hoja que cae en cualquier suelo desconocido,
una palabra que oirá seguramente un sordo?
Somos lobos y nos olemos y nos mordemos y nos seguimos fieles,
las ovejas no son familia, de ellas simplemente nos alimentamos.
De qué te serviría que te balaran, eso a los perros
que las llevan y las traen.
Aunque se han dado casos, el poder del aullido es notable,
de ovejas que lo oyeron y devinieron tórtolas, raposas o musarañas.
Tú tienes que vivir como lobo, como poeta, es lo mismo.
De qué te serviría vivir como mecánico, funcionario, conductor del bus
y escribir poesía ¡vívela!
Serías un médico que vive pintando paredes y no curando,
un pescador vendimiando, una puta rezando el rosario.
Fuma, maldice mirando a los ojos, inclínate la boina,
quémate la bufanda con el cigarro en un gesto airado,
jura en alta, clara, campanuda voz, que no estás en venta,
escribe en márgenes y servilletas,
pinta flores en manos diminutas y bésalas en la palma,
abraza a las muchachas oscuras y mira displicente a las claras,
mata al maestro y véngate en el alumno (sabes lo que te hará).
Arrastra un carro de palabras a empujones
de manera que se te caiga alguna y písala con indiferencia.
Quémate los ojos leyendo sin luz,
date golpes en el pecho por ir tan tarde, tan atrás entre todos
que solo descubres lo descubierto y piensas lo pensado
y quieres decir lo que ya han dicho mejor. Jódete.
Eso es vivir en el verso. Ven.
Serás uno de los nuestros, también te insultaremos,
diremos que equivocas culos y témporas, que regüeldas metáforas,
que pedes prosopopeyas proparoxitonantemente,
que salseas la urdimbre argumental con parásitos rimbodianos,
lorquianos, nerudianos, lo que sea que te parasite.
Serás estigmatizado, vapuleado, pateado en los huevos, besado con lengua,
dado por culo y sacado en hombros y dado vueltas a la fuente.
Alguno te prologará.
Alguna se te abrirá de piernas (o alguno también, no lo desdeñes).
Te morirás de gusto y de disgusto, según días.
Y tendrás un nombre escrito en algún lado y serás feliz y aborrecerás todo eso
porque no es lo que tú imaginabas de niño, ni remotamente.
Un día, quizá no por casualidad, bajará el ángel y te dará un beso en la frente
y pondrás un milagro en un papel, más bonito que un San Luis,
más profundo que las tripas y los pozos,
más alto que las torres y las cimas nevadas,
¡un milagro en un papel!
y seguramente con los vapores del vino y el humo no nos demos cuenta,
o quizá alguno sí y llore, llore con el hallazgo,
porque esas cosas aún nos hacen llorar,
por eso somos lo que somos, lo que eres, lo que morirás siendo.
Es poco, pero es todo lo que queremos conseguir al fin y al cabo.
Y ahora ráscate el bolsillo y paga esta ronda, te toca, poeta, capullo.

T. Galindo