Me he enamorado de una estatua
(ella no lo sabe)
no sé cómo decírselo,
es tan recta la puñetera,
temo que me mire (que me siga mirando)
sin verme,
como mirando más allá de mí, atravesándome,
y no preste atención a mis palabras.
Porque ella es alguien
y además era alguien
y yo no soy nada
ni seré nada,
qué podría ofrecerle,
ni un friso que la peine,
pedestal que la eleve,
ni verso que la loe:
"Exaltación a la Primavera".
Sublimación corpórea
de romántico amor
que miro con dolor
en imagen marmórea,
tus pétreas caderas
no puedo acariciar,
sólo puedo mirar
tus curvas placenteras.
Fuera de ti no hallo
mujer que te asemeje,
dejaré la sociedad, los bares, las veladas,
conversaciones huecas
que con huecas muchachas mantengo adormilado
y vendré a la glorieta
donde vences inmensa, eterna y rutilante
y viviré en el parque vendiendo chucherías
a tu sombra.
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