viernes, 17 de julio de 2026

Amor en la segunda edad y media

La señora Nati estaba muy bien conservada, vamos, lo decí­a todo el mundo en el barrio, las mujeres con evidente envidia y un cierto retintí­n, como preguntándose qué pacto tendrí­a hecho con el diablo, y los hombres relamiéndose. Porque la Nati andaba por los cincuenta y. Cincuenta y, son muchos años para andar suscitando miradas rijosas y/o celosas, eh. La señora Nati era viuda, viuda viudí­sima, casi nadie recordaba a su difunto ya, ella habí­a entregado su vida al cuidado amoroso de sus hijas, cuatro, que salieron guapas unas, como ella, e inteligentes otras, como ella también, y que ya viví­an todas su vida, casadas o con oficio. La última habí­a dejado la casa materna hací­a escasos meses y a Nati se le habí­a caí­do la í­dem encima. La casa. Nati, que siempre habí­a sido muy leí­da, estaba empezando a dejarse una pasta en libros, y a chatear (¡huy!) con el mésenguer, pero eso sí­: con sus hijas, que así­ no gastaban en teléfono y las veí­a con la camarita esa, que hay que ver lo que inventan. La señora Nati, hay que decirlo, tení­a la farmacia del barrio «Castaño e Hijos, Farmacia, especí­ficos, fórmulas magistrales», fundada por su padre, y que llevó con su hermano hasta que éste se estableció por su cuenta en otro barrio, y como era una mujer bastante desenvuelta y popular (y emprendedora y moderna), formaba parte de la junta directiva de la asociación de comerciantes del barrio, que fomentaba todo lo fomentable en ese reducido ámbito.
Lo que nadie, pero nadie, sabí­a, es que la señora Nati era una romántica. ¡Ay! Nati devoraba novelas con heroí­nas y amores turbulentos, se grababa todas las pelí­culas lacrimógenas que echaban por la tele, y hasta escribí­a malos ripios en una especie de diario que tení­a, y que, por vergüenza, nunca iba a leer nadie. Además, con quién iba a hablar de sus inquietudes espirituales mientras expendí­a laxantes, pí­ldoras del dí­a después, lubricante vaginal y otras mercancí­as vergonzantes. Otra cosa que nadie sabí­a, y en la que, incluso ella, se negaba a pensar claramente o a planteársela sin tapujos propios, era que le tení­a el ojo echado a un señor.
Concretamente a señor José Antonio, el lotero, hombre de posición acomodada, mayor, pero bien conservado

domingo, 12 de julio de 2026

En internet sólo hay porno

martes, 7 de julio de 2026

El ataque de las noticias zombis

Tomás Galindo - El ataque de las noticias zombis

Sufrimos, es verdad, el ataque de las noticias zombis, que nos rodean y nos sobrepasan, todo son noticias y más noticias, vivimos en una inundación de noticias que, además, no nos interesan en lo particular, quizá puede que nos interesen como hormiguero, pero como hormiguita con tu grano al hombro no.  Y es que esto no ha sido siempre así, las noticias nos están cambiando, no es que nos informen, es que nos cambian.  ¿Qué nos ha pasado?

El hombre despertaba por la mañana y la noticia era el tiempo.  Miraba por la ventana a ver cómo pintaba el día ¿hará frío o calor?  ¿Lloverá?  Del clima dependía mucho su vida y era un tema de conversación, y aun de polémica, cuando se juntaba con otros. Entonces los viejos tenían mucha importancia, la experiencia les ayudaba a prevenir los cambios o devenires del clima y eran los que aconsejaban el día de empezar la siega o de salir con las ovejas de viaje.  El tiempo, noticia bomba era. Luego estaba lo de la vaca, si se habría preñao, esto era motivo de controversia y de inquisitoria vecinal; o lo de los franceses, los alemanes o los vecinos que sonaran ¿sería verdad que había una guerra con la Francia o que los fulanos estaba reñidos con los menganos?  De eso seguramente se enteraría en tres o cuatro días por el tío Dimas, que había bajado a la capital a apalabrar lo del aceite y traería noticias.  Nuestras guerras eran los de villarriba con villabajo que habían movido el mojón los muy hideputas y decían que la vaguada de la virgen siempre había sido suya.  Noticia de interés general.

La mujer despertaba al orto (al orto español, no al argentino) y la noticia era el huevo.  ¿Habría puesto la Margarita?  Qué gallina más buena les había salido, hay que ver qué ponedora, ojalá alguna de las pollitas saliera a la madre. La noticia diaria, vamos.  La madre, luego había que dar vuelta por la tumba de madre, que hoy hacía años de su muerte, Dios Nuestro Señor, la virgen de la vega y san roque la tengan en su seno, y había que limpiar la lápida y ponerle flores.  Se pasaría a buscar a la Ginesica y se llevaría la azadica o la escardadera pequeña para limpiar la mala hierba.  Y tenía que enterarse de si era verdad lo que decían de que había subido tantísmo, tantismo, la vara de tela ¡Jesús! y ella que tenía que comprar un corte de tela para hacerle a su Casildica una falda, a ver cómo se las apañaba.  Ah, y la leche para los críos, mandaría al Pablico a que le diera la leche la Ginesica; a ver si se quedaba preñada de una vez la vaca, que una casa sin leche es como una casa sin el Sagrado Corazón de Jesús.  Esto era básicamente en casa, en las casas ¡pero qué más noticias quieres!

La noticia era cosa de una vez al mes, en los pueblos grandes, y en las ciudades había más, quizá había una noticia a la semana.  Luego, con los adelantos técnicos, empezó a haber noticias diarias... y hasta ahora.

La cuestión es ¿nos tienen que interesar todas?  ¿Todo lo que pasa en el mundo requiere nuestra atención, nuestro vivo interés, nuestra actuación, nuestra toma de posición al respecto?  Necesito que alguien me aclare esto, porque estoy en un sinvivir.  Creo que soy mala persona, que soy malo, sí, malvado.  ¿Salvo las ballenas?  ¿Apadrino un niño? ¿Voy a la mani por lo de la cosa esa?  ¿Qué digo si me preguntan por la huelga de los yoquésé? ¿Ha perdido España el partido de la copa esa? ¿Y por Palestina, eh, qué hago yo por Palestina? ¿Y por los migrantes?  Antes eran emigrantes, pero ahora que todo es e- como e-mail, e-book, e-commerce no hay e-migrantes, sólo migrantes ¡qué hago yo por los migrantes, por el feminismo, por los gays. ¡Diosssssss!

Me levanto por la mañana y hay miles de noticias que requieren mi interés, mi posicionamiento.  Luego me pedirán la firma para protestar por lo de la incineradora que nos quieren poner, o para remodelar el parque ¿firmo o no firmo?  Vendrá a venderme lotería del Niño ese señor tan pesado de la asociación para no sé qué síndrome ¿cómo puedo no comprársela y seguir teniendo su estima?  Porque lo peor no es que las noticias pasen a tu lado molestándote, no, es que te atacan, te invaden, te golpean, no se conforman con que las veas, oigas, leas, no, quieren respuesta y posicionamiento, quieren su feedback, quieren retroalimentarse... de tu sangre, las noticias son los vampiros de la atención.

Miles, miles de noticias, todas mirándome.  ¡Ellas a mí, sí! ¡Estamos aquí: míranos!  Somos los fantasmas del mundo moderno que te asaltamos desde los cuatro puntos cardinales con la política de USA, con la guerra de oriente medio, con la mafia rusa, con la intifada, con la vivienda precaria, con el tsunami, el monzón, el incendio forestal, con la corrupción política, con los jueces estrella.

¿Y todo tiene que importarme? ¿Es obligatorio que me importe todo lo que pasa en el mundo?  Seré sincero:  tanta responsabilidad excede mi capacidad de asimilación, de entendimiento y desde luego, de respuesta.  Sin contar con que la mitad de los días me importa todo un pimiento, porque si, y ya se puede caer la torre de Pisa que me la suda y, claro, me siento tan mal, tan culpable...  En serio ¿soy malo? 

Hoy hace buen día aquí, esa es mi noticia de hoy, oye, no necesito más. No me contesto nada que me pregunten los periódicos, pero... si mi única pregunta es... ¿Y hoy que hago de comer...?




miércoles, 29 de abril de 2026

Contra las rubias de bote

Veo la foto de una amiga, casualmente, y observo horrorizado que es rubia. Santo cielo, una morena de nacimiento y ahora es descaradamente rubia. Ello me llama la atención y me pregunto por qué este desmedido afán por clarear el pelo. ¿Qué ventaja obtiene la mujer rubia ante la morena? ¿Qué superior condición ejerce la una sobre la otra? ¿Cuáles son los méritos del cabello rubio o los deméritos del castaño o negro? ¿Qué hace que una mujer se vea impelida durante casi toda su vida a vestir su cabello con un color que le es ajeno? Muchas y muy oscuras incógnitas que no atino a despejar. Dicen que los caballeros las prefieren rubias, para a continuación aclarar que «pero se casan con las morenas», seguramente por algo que, al fin, he descubierto. Al fin, cayó la venda de mis ojos. Después de lo de los reyes magos, después de lo de la cigüeña, después de lo del ratoncito pérez, he llegado a la conclusión de que las rubias, sí­, las rubias… ¡no existen! No hay mujeres rubias, son una invención, un mito, una fábula. Son como la esfinge, el grifo, el unicornio, personajes acendrados de nuestra cultura, pero inexistentes. Quizá el hombre de cromañón o el neandertal ya comenzaran a suspirar por una hembra de imagen distinta a la propia (cosa frecuente en la persona, que siempre ansí­a aquello que no tiene y desdeña lo obtenido) y, por dotarla de atributos con que distinguir el sueño de lo palpable la hicieron con el cabello rubio y no oscuro. Una ensoñación, un juego, una parábola, eso es la rubia, la mujer capaz de contener en sí­ la belleza de lo etéreo. El pobre neandertal era un poeta que envolví­a a su mujer en el aura de lo sobrenatural y la clarificaba, y en sus aspiraciones le salí­a rubia, veí­a a esa compañera suya admirable como algo que lo superaba; esa persona capaz de engendrar, de asir su humanidad a la tierra; de unirle con lo infinito, como una cuasi diosa que hubiera descendido y condescendido a convivir con él y, asombrado, la contemplaba babeante, enamorado, y la magnificaba como podí­a: envolviéndola en un aura irreal, y así­, le veí­a el pelo claro. Y la mujer, incapaz de sublimarse fí­sica y mentalmente hasta tan altas metas, se tiñó. No, no alcanzó la deidad, no se hizo hada, no se transformó en la ninfa soñada: se tiñó. Hete aquí­ que el hombre, tonto de sí­, se conforma con su sueño de bote y con su rubia de bote y no quiere ir más allá buscándole a la parienta calidades oní­ricas, ni está para esos trotes metafí­sicos cuando vuelve del taller o la oficina. El homo actual se enciende mirando pasar las rubias huidiza y distraidamente, cuando no se da cuenta la parienta, y se las imagina rubias naturales, y no como la suya, y por eso apaga la luz en el lecho, para no verle el felpudo tan terrestre y veraz, y hacer cisco su fingimiento de dicha.
Por ello, os prevengo contra las rubias de bote y os aconsejo que os prendáis, como yo, de una buena morena de las de toda la vida. Una morena va por ahí­ diciendo que es como es, y la tomas o la dejas, pero sabiendo lo que tienes entre manos. Ser morena y llevarlo con desenvoltura es como ir por la vida diciendo «menuda soy yo». Las rubias de bote no pueden sino ser simuladas y descontentadizas, una persona llana y sincera difí­cilmente puede casar con un espí­ritu que propende al disfraz y la tintura. ¿Rubias? No, gracias.

martes, 28 de abril de 2026

A favor de las rubias de bote (qué remedio...)

Uno puede esforzarse (aunque yo no mucho) en escribir algo profundo, meritorio, que mueva las conciencias de los lectores, que conmueva sus ánimos, pero lo que realmente les moviliza es que les toquen «lo suyo». Escribo una diatriba contra las rubias de bote y zas, me ponen a bajar de un burro ¡nunca habí­a tenido tal éxito!. Siguen asaltándome las dudas, de otra í­ndole esta vez: ¿será por haberme metido contra las rubias, o será por haberme metido contra algo? Cuando uno va contra lo que sea, siempre encuentra más reacciones que cuando se pronuncia a favor. Que voy contra las rubias, pues las rubias se quejan y las morenas jalean. Parece que cuando uno va contra algo, aquello se vea más definido. A favor de algo se puede ir de mil formas, y cada uno tiene una idea distinta de cómo conseguir una cosa, pero en contra vale lo que sea, insultos, pedradas, balazos, ahí­ somos todos una piña. Igual es cuestión de sacar una nueva sección que se llame «Contra esto y aquello». ¿Con qué conseguiré más adeptos? ¿Contra la regla? ¿Contra la alopecia? ¿Contra la zona azul? ¿Contra la subida del IPC?
Reconozco que me equivoqué, no debí­ hablar contra las rubias de bote, al fin y al cabo qué hacen ellas sino contribuir a alegrarnos la vida, a darle mayor color al entorno, a dotar de variedad las relaciones. Sí­, hoy, dolido y arrepentido por mi relación apresurada, por mi liviano sopesar de algunas circunstancias, se ha hecho la luz en mí­, y veo con claridad. Reniego de mis palabras de ayer, y pues rectificar es de sabios, pero sobre todo es de equivocados, yo rectifico. Si desde tiempos inmemoriales se loa a las rubias es, sin duda, porque su contribución a mejorar la estética femenina es portentosa. Esas cascadas de pelo dorado, esas melenas de cerveza o miel, esas trigueñas, esas impactantes rubias platino jolivudenses, esas peligrosas pelirrojas, qué mosaico de cabellos coloridos. ¿No pintamos las paredes? ¿No nos vestimos de prendas vistosas, alegres y nos enjoyamos? ¿Pues por qué ha de ser dañino ni ha de denotar poquedad de carácter algo tan inocente como teñirse el pelo? Antes bien, el marido no sólo no ha de desconfiar de su esposa porque esta se tiña, no, sino que ha de agradecerle que se arregle y engalane, y que esté pendiente del cuido de su aspecto. Las rubias de bote deberí­an estar subvencionadas por el estado, es más, creo que en Francia, que cuidan mucho esto de la promoción de sus tópicos patrios (la mujer, la cocina, el tour, el europeismo) los botes de teñir rubias gozan de una exención de impuestos, por eso han inventado expresiones como «connaisseur», «bon vivant» o «voyeur» para distintas calidades gustativas. Además, en España, paí­s de bajitos y morenos, deberí­a potenciarse muy especialmente lo rubio para salirnos de la rutina visual. Qué voy a decir yo sin tirar piedras a mi tejado, cuando tengo el pelo de la cabeza castaño, la barba entrecana y el bigote rubio. Si, voto a favor de la rubia de bote, de la platinada de bote, de la pelirroja de bote, de la morada de bote si fuera necesario, qué mejor marco para una belleza femenina que aquel color de cabello que mejor le cuadre. ¿Por qué limitarse al mismo monotono color de pelo toda la vida? ¡Si hasta han sacado lentillas de colores para variar el de los ojos, y hete aquí­ que unos ojos pardos trasmutan en garzos o glaucos por obra y gracia de la cosmética. Rubias, vengan rubias, con sus botes de tinte rubio en la mano, y sus ganas de agradar a la sociedad y hacerla más amable y llevadera.

miércoles, 15 de abril de 2026

Estamos locos

 Estamos locos,

locos locos,

los que buscamos el camino de los pájaros,

los que encontramos azules en el bosque,

carmín en la mejilla,

salimos en lo oscuro a mirar

las que nos faltan en lo alto, 

y ya no brillan.

Estamos locos

porque volvemos a ver cada mañana

la alegría a la mesa, con café,

porque silbamos,

porque bajamos alegres escaleras

y de charcos alegres salpicamos,

creciendo en las llagas de la acera,

la tenaz victoria de lo verde.

Qué locos estamos que no vemos

la paja en ojo ajeno,

la lágrima en el propio.

Qué locos, que tenemos

perrito que nos ladre,

que llevamos limosna y caramelos,

que besamos a pares,

que abrazamos a cientos

Estamos locos,

locos de desatar

que sólo queremos

ser locos sin la cuerda,

sensatamente locos

antes que insensatos cuerdos.

                                                                               T.G. ©


domingo, 12 de abril de 2026

jueves, 9 de abril de 2026

¡Cuántas estrellas!

martes, 7 de abril de 2026

Tu cuerpo

jueves, 2 de abril de 2026

La guardería de Silvia