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viernes, 21 de junio de 2019

La Ratita Presumida y el cirio que montó.

Versión teatral:

Versión radiofónica:

Narrador: (Lleva un fajo de folios escritos, donde lee, y tiene pinta de empollón)
Érase una vez en un lejano paí­s de ensueño, una linda ratita que era muy hacendosa.
(se abre el telón y aparece la Ratita de espaldas, como barriendo. La Ratita es una chica moderna y vestida muy a la moda: minifalda chillona y un jersey o top de colorines. Lleva unas orejas de cartón a lo ratón Mickey, y del culo le cuelga un rabito con un lazo grande) Estaba un dí­a barriendo la escalerita de su casita la ratita, cuando se encontró una monedita de un centimito.

Ratita: (se vuelve y descubre una aspiradora)
Tralaralarita, aspiro mi casita (aspira) tralaralarita…

Narrador:
Barrrrrrrrrro mi casiiiiitaaaaa. Barrrooo

Ratita:
Aspiiirrrrrooooo, aspirrrrrooooo… a ver si te modernizas, Narrador.

Narrador:
Pues aquí­ pone barro.

Ratita:
Sí­, seguro que pone barro, y seguro que también pone escaleriiiiita, casiiiita, monediiiiita, y centimiiiiito, seguro. Pero yo aspiro ¿entiendes? Y lo que me encontré no fue un centimito, fue un billete de cien euros ¿pero tú dónde vas con un centimito, tí­o tacaño? Con eso no te compras na, chico, anda moderní­zate.

Narrador:
Pues aquí­ pone centimito.

Ratita:
Vale, pero este cuento es de cuando antes de las pesetas ¿sabes? de cuando habí­a maravedí­es y doblones, listo, ahora al cambio serí­an cien euros.

Narrador:
No sé yo

jueves, 20 de junio de 2019

Vaya mierda de akelarre

Juguete cómico en un acto.

Puedes escuchar la versión radiofónica:

Dramatis personæ:

Mefistofelina: (Marí­a de las Amnesias Repérez Ladrón de Veras y Gorrónez del Mercadillo) Polí­tica. Va vestida con traje sastre, elegante, moderna y desenvuelta. Sonrí­e falsamente todo el rato, abre mucho los ojos y habla con deje pijo. De vez en cuando hace un mohí­n con la cabeza para apartarse el pelo en un gesto de fingida naturalidad. Está siempre posando y poniéndose delante de todas, y apartando a Pirulí­


Luzbélica: (Maruja Tallarí­n) Maruja. Va vestida de maruja, cochambrosamente, puede ir de chándal y tacones, o con bata de boatiné, rulos y redecilla. Lleva bolsas de plástico por las que se pueden ver unas patas de pollo, pan, detergente, etc… Lleva maquillado un ojo sí­ y otro no. Habla muy andaluzada, chafando las haches, comiéndose las eses finales, grita y exagera mucho.

Satanina: (Cristóbala Pelló) Conductora. Viste minifalda muy muy corta, blusa escotada, zapato plano, gafas de sol de esas de espejo, con coleta y una visera.

Piruja: (Jorja Barón) Machista-Marisabidilla. Viste pantalón muy ancho tipo militar, zapato plano, cinturón y camiseta de tirantes, lleva el pelo muy corto y peinado a raya.

Samantha: (Angélica Bobón) Mosquita muerta. Viste falda, un vestido estampado horrososo y rebeca torcida, con collar de perlas. Se le queda la boca abierta y pone cara de tonta, a veces bizquea, continuamente dice ¿eh? como si no se enterase de nada. Tropieza al andar. Cuando llora saca una caja de clinex, se limpia los mocos, se seca y los va tirando al suelo, de forma que al acabar la obra está todo lleno de clí­nex arrugados.

Pelos: (Pilarí­n Colí­n) Colegiala. Lleva uniforme de colegiala, cinta en el pelo y unos libros y cuadernos. Pone morritos, bailotea y da saltitos continuamente.

Pirulí­: (Tania Revuelo) Famosilla. Viste de putón verbenero, de lo más escandaloso y tiene que colocarse la minifalda que se le sube de vez en cuando. Lleva pelucón rubio platino o es rubia teñida escandalosamente. Se pasa el rato poniéndose de forma que la vean del lado izquierdo, que le han dicho que es el bueno, cuando no se da cuenta y está del otro, dice coñojolí­n y se vuelve. Además se aparta el pelo antes de hablar. Está siempre posando y poniéndose delante de todas, y apartando a Mefistofelina.

Pérfida: (Genuflexión Condiós Todolosantos) Dama pura y asociativa. Viste falda larga hasta los tobillos y camisa oscura abotonada hasta el cuello, con gran crucifijo colgando. Lleva un rosario y un misal en la mano. Lleva el pelo recogido en un moño con visibles horquillas.

jueves, 18 de octubre de 2018

Competencia desleal (drama doméstico)

 

Él Mira, cariño, hemos recibido un mensaje de spam en el correo con un catálogo de un sexop ¿necesitamos algo?

Ella – Huy, así­ de repente no se me ocurre ¿trae algo interesante, cielo?

Él Un momento que miro, dulzura. A ver, a ver… Hay mordazas, fustas, anillos peneanos, bolas chinas, estimuladores del punto G, conjuntos de dos penes para doble inserción, y este que describen como gran novedad: de luxe, king-size.

Ella- Oh, cielo, ¿no es excesivo su tamaño?

Él Pero piensa, mi bien, que está dotado de luz interna, al objeto de divertir y alegrar los momentos de intimidad en la oscuridad. Así­ que si al llegar a casa, de noche, no aciertas a introducir el llaví­n en la cerradura sólo has de sacar el vibrador del bolso e iluminar el zaguán con él.

Ella- Eso, pastelito mí­o, en el supuesto caso de que me cupiera en el bolso. Aunque sin duda este juguete harí­a de mí­ una mujer más llena, dudo mucho que pudiera transportarlo sin que asomara vergonzantemente un extremo de él, lo que sin duda provocarí­a más de un comentario malintencionado.

Él ¡Maldita sea!

Ella- ¡Amor mí­o, qué te produce tal enojo?

Él Que he leí­do las especificaciones de este adminí­culo y no estoy a su altura, mi bien. Me examino a mí­ mismo, deseoso de provocar en ti los más sublimes gozos, y no doy la talla que te proporciona en cambio la moderna ingenierí­a.

Ella- ¡Oh, esposo mí­o amantí­simo, cómo puede ser eso!

Él Porque, oh dolor, prenda adorada, por más que lo intento no vibro y roto. Incluso pruebo con la mano ¿ves? y o vibro, o roto, pero no ambos movimientos de vez. Y eso con la mano. Probé con el pie y me dio calambre. Sin duda alguna no puedo competir con las prestaciones que te brinda este revolucionario aparato.

Ella- Querido mí­o, no te dejes cegar por el brillo aparente pero intrascendente de lo ultimí­simo. Tú siempre serás para mí­ el hombro en que apoyarme.

Él Hermosa mí­a, no sabes cómo me reconfortan tus amables palabras.

Ella- Y celebro mucho, cónyuge adorado, que, preocupado como estás por colmar mis modestos y esporádicos deseos, hayas pensado en mi satisfacción al ver este lujoso vibrador SAUSAGE SAUCE, con Vibración, Rotación y Excitador de Clí­toris. La tecnologí­a más revolucionaria, se une esta vez al material más avanzado de todos los tiempos. Se trata del Sausage Sauce, el primer vibrador Loveclone, que monta un motor multi rí­tmico Technobeat. Gracias a sus dos potentes motores independientes, este pene es capaz de rotar hacia ambos lados, además podrás graduar el ritmo de la intensidad en el momento que desees. Su excitador de clí­toris, en forma de una cabeza de un salvaje tiburón, te demostrará la potencia que puede llegar a desarrollar y podrás controlar las diferentes posiciones de intensidad para que lo domes a tu gusto. Utiliza 4 pilas LR 6 (no incluidas).

Él Y dime, amada mí­a.

Ella- Qué, mi amor.

Él ¿Y monta claras?

sábado, 30 de enero de 2010

Aparición de la Virgen María en un concesionario Peugeot

La virgen se aparece a los mecánicos de un taller concesionario Peugeot.


aparicion.jpg
Corre como la pólvora en el barrio la noticia de que la virgen María se ha aparecido a los mecánicos del taller de la esquina, Taller Mecánico JMF Peugeot, por lo que corro con mi bloc y mi bolígrafo Bic a oír la versión en primera persona. Ha debido de haber bastante revuelo, por lo que el dueño del taller ha bajado la persiana y he de esperar a la salida y llevarme a los empleados a tomar unas cervecitas, San Miguel deliciosa también sin alcohol, obsequio del señor Paco, de Casa Paco, especialidad en calamares fritos y cazuelitas de callos. Vienen conmigo los tres empleados que han asistido a la aparición, Roberto, el oficial mecánico; Pepe, especialista en chapa y pintura, y Verónica, administrativa.
Oz – Cómo se ha producido la aparición, contadme.
Al pricipio se miran los tres, indecisos, sin saber como empezar, y luego se atropellan hablando, por lo que hago un resumen de lo acaecido. Al parecer se encontraban los dos operarios con las cabezas introducidas en el motor de un 107, vehículo dinámico y práctico ideal para callejear que puede ser suyo por una módica cantidad mensual, cuando notaron un sonido como de campanillas o de suaves cánticos infantiles, y se impregnó el taller de un olor dulce y delicioso que describen como parecido al Ambientador gel Turtle Wax aroma Manzana, de 60 días de duración; extrañados se volvieron y contemplaron a una mujer joven, adolescente más bien, vestida con unos extraños ropajes que apenas le dejaban visibles cara y manos. y que les contemplaba suspendida en el aire en un rincón, entre la mesa de las herramientas y los bidones de los cambios de aceite, Castrol, lo que necesita su motor, que realizan en el momento y con 19 puntos de control para su mayor satisfacción.

Oz – Cuál fue vuestra primera reacción ¿Os disteis cuenta de que era la virgen?
Pepe – Bueno, yo, esteee, así de primeras me creí que era la hija del jefe, que es así pequeña y a veces viene y se pone a hacer el indio, pero vamos, me extrañó verla ahí flotando, y ya cuando nos dijo que era la virgen, pues entonces ya pensé que podía ser la virgen.
Roberto – Yo enseguida, pun, me puse de rodillas, claro.
O – Qué os dijo.
R – Hijos míos, que soy la virgen, eso nos dijo.
O – ¿Y ya os lo creisteis?
P – Bueno, yo miraba a ver dónde estaba la cámara oculta, pero por si acaso…
O – ¿Y luego qué hizo, qué más os dijo?
R – Al principio se quedó allí, quieta, mirando al techo.
P – Sí, un ratico estuvo así. Luego ya, como no pasaba nada, nos dijo otra vez que era la virgen, y entonces aquí el Roberto le dijo que muy bien.
O – ¿Que muy bien le dijiste?
R – Sí, claro, qué le voy a decir.
O– ¿Y qué más pasó?
R – Que nos volvió a decir que era la virgen
P – Sí, jeje, entonces este le dijo que qué se le ofrecía. Yo iba a rezar o algo, claro, y va este y que qué se le ofrecía ¡pues qué se le va a ofrecer! A ver si creías que venía a que le miraras las bujías…
RCoño, pues algo había que decir, yo qué sabía.
O – Y ella qué contestó.
R y P – Se echó a llorar
O – ¿Se echó a llorar la virgen?
R – Sí, bueno, primero se bajó de allí de lo alto, y se sentó en la mesa de las herramientas, que yo le dije, no se ponga ahí usté, que mire que se va a poner perdida, pero no, nada, oiga, no se manchaba, se ve que porque es milagrosa ¿sabes? Y ahí estuvo un ratico haciendo pucheros, la pobre.
Verónica – Llevaba unas sandalias muy bonitas, de esas con correítas finas, como unas Jimmy Choo pero sin tacón. Marroncitas, ya le digo que muy monas.
O – ¿Usted también presenció los hechos?
V – Yo es que salía a tomar un café Baqué con leche PascuaL, que a esas horas siempre es que lo necesito, y claro, me los vi ahí como pasmarotes a estos, de rodillas, y una chica sentada en la mesa, vestida rara y con las patitas al aire, pues que no sé, que me pareció muy raro. Yo me pensé que era alguna amiga de estos y que le estaban mirando las sandalias por algo, yo qué sé. Esas sandalias no hay quien las limpie, con esas correas tan finas, muy bonitas pero de mírame y no me toques. Como para andar por un taller…
R – Qué raro ni qué raro, si es que no lo viste desde el principio, coño.
V – ¡Cómo iba a saber yo que era la virgen si no me deciais nada! Yo, que una tiene educación, le ofrecí bocata, que lo iba desenvolviendo del albal, y entonces ella se me quedó mirando, y se refrotó los ojos. Ahí me di cuenta de que había estado llorando y entonces me dije ¡qué le habrán dicho estos burros a la chica! y entonces ella me dijo que sí que quería.
O – ¿Le dijo que quería bocadillo?
V – Bueno, primero me preguntó que de qué era, pero cuando le dije que de atún con mayonesa Calvé y unas tiritas de pimiento morrón, ya me dijo que sí, que bueno, que quería probarlo. Es que me los hace mi madre muy ricos, además con pan del día, no de ayer, eh.
O – ¿Y le gustó?
R – Hostia que si le gustó, a poco la deja sin almorzar.
O – Es porque era atún Albo, conservas de primera calidad.
V – Eeeeh… sí, sí. Me dijo que es que había cosas que no podía comer, como jamón o salchichón y cosas así de cerdo, y yo le dije que también estoy a dieta, es que he cogido algo de peso, claro, después de las navidades ya se sabe.
O – ¿Y qué más pasó?
V – Pues nada, ahí estuvimos hablando un rato, almorzando los cuatro.
P – Sí, nosotros también aprovechamos para echar el bocaca, como no estaba el jefe…
R – Sí, y también se comió un trozo de mi tortilla, pero del bocadillo de chorizo El Pamplonica de Pepe no, de eso ya no pudo comer, claro, se ve que por su religión. Porque resulta que es judía, no católica, no, judía.
O – Patatas compradas, naturalmente en Frutas Manuela. ¿Y de qué hablaron?
V – Pues nada, de esto y lo otro, de lo mal que está todo, de la inseguridad…
P – De los jóvenes, de los jóvenes habló mucho, que decía que ya no había pastorcicos a los que aparecerse, que la última vez que se quiso aparecer a unos, un pastor y una pastora que había en un prado con ovejas…
R – En Francia, dijo
P – Sí, en Francia, pues que no la oyeron porque estaban los dos oyendo el ipod.
V – Bueno, uno oyendo el ipod y otro jugando con una maquinica de esas. Que no se enteraron, que se les puso delante y les preguntó que a dónde iba la juventud y uno le dijo una discoteca y el otro le sacó el gepeese, que tenía el móvil con gepeese, pero que caso, caso… no le hicieron.
O – Un Tom-Tom sin duda, exacto y fiable.
P – No como nosotros, ya ve, que hasta la invitamos a almorzar.
R – La Coca~Cola le gusta mucho, bueno, y a quién no.
V – Sí, es verdad, le dimos una lata y aún nos pidió si le dábamos otra, porque ella no llevaba suelto, pero Pepe le sacó la botella…
P – La botella calimotxo, que yo para almorzar me compro una coca y luego le echo un chorro vino, que tengo una botella vacía para eso, y cada día pues me hago un calimotxo con la coca y el Don Simón para almorzar, que hace falta combustible para funcionar, eh.
ODon Simón, un vino para hacer amigos.
R – Pues bien que le dio al calimotxo la virgen, bien.
P – Luego cantaba jotas
O– ¿Jotas?
P – Sí señor, jotas, se ve que es muy aragonesa en eso, vamos, o que es lo que se canta mucho cuando se bebe un poquico. Aquí el Roberto cuando va alegre siempre canta alguna, navarrica, eso sí.
O – Bueno ¿Y el mensaje que tenía que dar?
V – Huy, pues no sé qué decirle, hablamos de tantas cosas. Sobre todo de los jóvenes.
O – ¿Preocupada por su conducta?
V – Ufffss… no sé… yo más bien creo que es que, la pobre, se queja de que no tuvo juventud, ya ve, claro, quedarse embarazada tan joven, porque fue madre a los catorce ¡yo eso no lo sabía! Y que san José, que era su tío, además. Ya ve qué cuadro. Pues no me extraña que la chica echara de menos, no sé, una diversión, o poder salir o algo, que era muy joven para estar tan encerrada y tan pendiente del chico, que se ve que era de la cáscara amarga su Jesús, siempre metiéndose en todos los saraos.
P – Y escapándose
V – Eso, que se escapaba cada dos por tres y luego venga de buscarlo por el templo y por todas partes, y claro, cómo le vas a dar una zurra si es dios.
R – Así que ahora ve a las chicas jóvenes por ahí con chicos, de botellón y vestidas tan guapas y tan modernas, no como ella, con esas sallas largas, y le da cosa.
O – ¿Y ese fue todo el mensaje?
V – Bueno, eso y que recemos, que seamos buenos. Habló muy bien, eh, con mucho sentido, que el mundo tenía que cambiar, que teníamos que pensar en el prójimo y amarlo, todo eso. Vamos, el Dalai Lama parecía, oiga. Yo le dije que mejor que esas cosas tan bonitas que dijo y con tanto fundamento que nosotros no las íbamos a saber comunicar ¡ya ve usté! ni que fuéramos locutores, o famosos.
R – ¡Es que, es un suponer, en vez de aparecerse en el taller, se le aparece a Arguiñano y ya ve usted qué repercusión podía haber tenido!
V – Mundial, mundial..
R – Si, porque si no viene usted a entrevistarnos, ya ve, ni la tele ni nada ha venido.
V – Y que mejor que usara los medios para esas cosas. Pero no la veía yo muy decidida a usar las nuevas tecnologías.
R – Se ve que la costumbre es aparecerse.
V – Yo le dije que el papa dice que hay que salir en internet predicando y eso, pero cuando oyó papa dio un respingo.
R – Yo por lo que dijo le entendí que el papa es como el conserje o así de los santos, vamos, que mucha fachada y mucho abrir la puerta, pero que los que deciden son los de arriba.
V – Al final quedamos en que si se nos volvía a aparecer la cogeríamos en vídeo para subirlo a youtube, que con mi móvil se hacen unos vídeos que flipas, y que entonces que sí, que llegaría a toda la juventud.
R – Yo le voy a decir a mi hija que haga una página de esas en feisbuc con lo de la virgen, bueno, eso si vuelve y le ponemos el vídeo. Ahora es que me he vuelto yo muy creyente, porque claro, así ya con un contacto…
V – Para mí que vuelve, eh, porque yo le dije que lo que le pasa es que es mujer. Que es mujer en un sitio de hombres y que no la dejan hacer nada más que ir por ahí apareciéndose, que lo que tiene que hacer es dar un puñetazo en la mesa y decir aquí estoy yo, y empezar a decidir por su cuenta, y no andar siempre pendiente de lo que digan los hombres. ¡Anda que no voy a saber yo lo que es trabajar con hombres! Y en esa empresa son todo tíos, como en todas partes, y las mujeres a parir y a callar.
R – Ya empezamos…
V – Que venga, que venga y se aparezca y ya veréis. Como la coja yo, vamos, con esa boquita que tiene mi niña y esa carita de virgen, consigo yo que salga en todos los programas su mensaje. ¡Mucho mejor que todos esos telepredicadores, dónde va a parar! Y que es guapita, que eso también vende, eh. Lo que pasa es que está muy sola en su labor, eso decía, que está muy sola en su labor. Pobreta.
O – ¿Y cómo acabó todo?
R – Na, se fue.
P – Sí, fue muy amable y se despidió de todos y se fue
V – Nos bendijo, eh.
R – Muy maja.
P – Hizo ¡plop! y desapareció
V – Tenía que salir en la tele.

Y eso es todo. Una primicia mundial, el relato apasionante de una aparición mariana en nuestro propio ámbito de actuación en exclusiva y gracias a Taller Mecánico JMF Peugeot, grandes ofertas en coches de ocasión Peugeot. Y recuerden volver a visitar este blog y sorpréndanse siempre con la gran calidad de nuestros artículos. En COMO PIENSO somos auténticos, somos originales, somos verídicos.
Tomás Galindo ©

miércoles, 20 de mayo de 2009

El mundo ha vivido equivocado - de Roberto Fontanarrosa (traducción)

Por una vez, este escrito no es mí­o (¡ya se nota!). Es de Roberto Fontanarrosa, eximio humorista argentino, autor de numerosos y deliciosos cuentos, como este mismo, y de buena parte del repertorio cantable de Les Luthiers.
Este cuento me gustó mucho, pero me di cuenta de que un español se perdí­a la gracia por tener que andar traduciendo, aunque fuera mentalmente, del idioma argentino corriente, y sus giros lingüí­sticos al español vulgar. Así­ que me decidí­ a traducirlo, y ya de paso y con ayuda de unos amigos, lo grabé, que algunos relatos se prestan especialmente a ser escuchados antes o mejor que leí­dos.
Espero no haber cometido un desatino, ha sido con buena voluntad.

jueves, 26 de junio de 2008

Han matado a un hombre, han roto un paisaje

Hay libros que uno no se cansa de leer, y sobre todo que no se cansa de recomendar. Este libro, obra cumbre de Francisco Candel armó tal alboroto que a continuación tuvo que escribir otro que se tituló «Dios la que se armó». Se lee solo. Cuando a uno le hablan de libros mediocres con gran tirada, como «Las cenizas de Ángela», tan promocionados y filmados, se pregunta qué hemos hecho para no merecernos conocer libros como este y en cambio que nos metan por los ojos obras como esa, de segunda fila, que no le llegan a esta de Candel a la suela de los zapatos, y que además habla de otras gentes y otras culturas que nos son ajenas, no como la historia de estos niños, y estos mozos de la guerra civil y su posteriores coletazos, de toda aquella misera y aquellos hambres. Porque es una novela histórica, de nuestra propia historia, veraz, sin doblez, sin maquillajes y a la vez tan tierna y divertida de leer, os animo a leer este libro.


Este libro trata de la vida de el Grúa. No, no señor, yo soy el Gafas, a mí­ siempre me han llamado así­, pero al Grúa lo conocí­ de pequeño, bueno, desde que nació, éramos vecinos, claro que entonces lo llamábamos el Gruí­ca. El Grúa ya se llamaba el padre, que tení­a a la mujer de parto cuando se largó y no se supo más de él, se ve que no querí­a cargas, mientras la mujer estaba frescachona, bien, pero a lo que se quiso ver con el crí­o, pues eso, que se largó y no se supo más. El Gruí­ca se crió en la calle, en la calle y en el campo, que entonces todo esto de ahí­ eran campos, oiga. Bueno, en la calle nos criamos todos, el Abrán, el Martos, que tení­a otra banda y nos cascábamos, el Crescencico, el hijo el Crescencio que era de la CNT, el Raulito, todos en la calle, pero él más, porque ni al colegio fue, que no habí­a dios que lo tuviera allí­ metido, y claro, como la madre andaba todo el dí­a por ahí­ fregando casas y en mandados, quién iba a cuidar al chico. Eran otros tiempos, menos mal que pasaron. Entonces todo esto de ahí­ eran campos ¿sabe? de payeses, que tení­an vigilantes con la escopeta al hombro, para que las gentes no fueran a robarles los melones o las acelgas, y si veí­an un bulto moverse por entre las matas a la noche no reparaban en si era mozo o chico ¡pun! tiro que te crió, y menos mal si era un cartucho de sal. Habí­a mucha escasez, eso antes de la guerra, y en la guerra, luego ya no era escasez, era hambre, muchí­sima hambre, qué hambre pasamos, dios, qué hambre, que andábamos como los perros por las esquinas. Pero me parece que me voy de un lado a otro sin darme cuenta. ¿Le he dicho que antes todo eso de ahí­ eran campos? Quién nos iba a decir que ahora esto es como cualquier sitio de Barcelona, oiga. Antes se llegaba aquí­ sólo con una lí­nea de tranví­a que te dejaba cerca, y luego en el coche san fernando, esto eran, no ya las afueras, otro paí­s como si dijéramos. Aquí­ se liaron a hacer casas para tanto emigrante que vení­a de Andalucí­a y de Murcia y de Extremadura, con una mano delante y otra detrás y se creí­an que era llegar y encontrar trabajo ¡anda ya! La mayorí­a se hací­a una chabola en el monte con cuatro maderas y cartones, como buenamente podí­a, y algunos más afortunados o que llevaban aquí­ ya tiempo y tení­an la cartilla en regla, a esos les daban una casa en la colonia. Sí­ señor, era colonia del noséqué pero todo el mundo las llamaba las casas baratas. Habí­a alguna fuente, alguna farola, algún arbolico que no prosperó, mayormente porque la gente arrancó las fuentes y las farolas para vender el jierro, y los arbolicos para leña, o porque sí­, por entretenerse. El Grúa viví­a realquilado en una habitación con su madre, con derecho a cocina, y cuando fue mayorcico y ya tení­a pelos allí­, con derecho a cepillarse a la hijica, que tení­a pocos reparos, y al fin y al cabo, como la mocica tení­a que dormir con sus hermanos en la misma cama porque no habí­a pa más, pues ya estaba bien experimentada. Qué hambre que pasemos. Que pasamos, digo. El Grúa iba con mi madre y conmigo y con alguno más al extraperlo, a comprar, o a robar por el extrarradio. Bajábamos en tren hasta donde fuera, y parábamos en los pueblos a comprar aceite y verduras. Como no te lo querí­an vender, lo robábamos, así­, si nos cogí­an habí­a que pagarlo, pero al menos tení­as algo que llevarte a la boca. Cardos y borrajas por los ribazos no habí­a ya, eso es lo primero que cayó, qué hambre, luego nos comimos… ¡todo! Aunque el Grúa, como era ratero y no conoció los escrúpulos en su vida, qué malo era, no lo pasó tan mal, siempre habí­a uno más débil que él de quien abusar. En la guerra hasta disfrutó, yo le oí­ decir que le habrí­a gustado ser mayor para poder ir a la guerra, y no un crí­o, y yo le pregunté ¿y para qué?, y qué se cree que me contestó: ¡Para matar!. Hostia, qué bruto y qué mala persona era. Pero bueno, era uno del barrio ¿sabe? uno de nosotros, un crí­o con el que nos descalabramos a pedradas y con quien compartimos mil veces el hambre y alguna el almuerzo. Cuando la guerra nos í­bamos a ver a los afusilaos ahí­ cerca, que habí­a un zanjón enorme y ahí­ los echaban, y también los mataban en las tapias del cementerio; les daban el paseo, eso hací­an, los traí­an hasta aquí­ afuera en coche y les decí­an que los iban a soltar y una vez que echaban a correr les aplicaban la ley de fugas ¡pam pam! y al dí­a siguiente los chicos í­bamos a ver cuántos contábamos, y si habí­a algo que llevarse. A los que despenaban en Barcelona los traí­an por aquí­ en carros de caballos, que iban dejando un rastro de sangre, y los chicos espantábamos a los perros a cantazos ¡luego se jartaban cuando los echaban a la zanja! hasta que les echaban la cal encima, y luego, otra capa de muertos. Un dí­a quiso ir a tirarse una muerta, que la veí­amos desde arriba y estaba desnuda y estaba muy buena, y bajó y todo, pero luego de llegar delante de ella se dio media vuelta y volvió corriendo ¡que no tení­a cabeza, decí­a, que sólo un cachico cara! ¡Qué jodí­o, si no, ese se la tira, vaya que se la tira! Luego entraron los nacionales, Franco, ¿sabe? y todo eran arribaespañas y vivafrancos y caralsoles, y como no levantaras la mano y gritaras te ganabas una hostia, y eso si eras chico, que por menos, a los mayores, los llevaban a la cárcel. Y curas, muchos curas, yo que creí­a que los habí­amos matâ… que los habí­an matao a todos, pues no, salieron de donde estaban escondí­os, como personas normales que estaban algunos, y otra vez los rezos y las penitencias. Mi madre siempre fue muy santurrona, y en casa nos hací­a rezar, y nos hizo ir a la catequesis, hasta que la quemaron y robaron todo lo que habí­a dentro de valor. Pero luego cuando volvieron otra vez los meapilas al menos nos tení­an bien considerados. Aquí­ en las casas baratas fue la desbandada, to dios escapó a Francia y muchos tardaron años en volver. Vaya purga hicieron, pero entonces ya no daban el paseo, estos ya fusilaban por lo legal, con juicios y con curas y eso, pero matar, mataban lo mismo o más, pero con orden. Por entonces el Grúa ya definitivamente se metió a ladrón, qué iba a ser, sin estudios ni oficio ni beneficio… ni ganas de trabajar, esa es la verdad. Pero no un ladrón de los de ganar para salir adelante, no señor, igual robaban una tonelada de cable, que vaya lo que tení­an que sudar para arrastrarla, y luego la malvendí­an por cuatro duros y se la gastaban en cualquier gachupinada, por figurar, que al Grúa siempre le gustó mucho figurar y pretender ser alguien. Tuvo su mejor momento cuando se echó una querida que tení­a un bar, yo creí­ que ya habí­a hecho carrera con la del bar, allí­ tení­a su dinerico que no le faltaba nunca en el bolsillo, lo llevaba bien trajeao, se podí­a pasar la tarde echando unas cartas allí­ con los clientes, y si querí­a un café o una coñá, pues venga, allí­ que se lo serví­a la otra que perdí­a el culo por él. Y la tuvo que cagar, yo no sé qué querí­a que cuando mejor estuvo en la vida peor cara poní­a, como si le escociera, oiga, como si le escociera comer caliente, ir limpio y echar un polvo cada noche con una tí­a buena. Porque esa es otra ¡encima estaba buena!. Y él tuvo que dejar preñada a la Cirila, que no tení­a na, ni culo ni tetas ni na, una crí­a. Se enredó con ella y no sé qué le dio que acabó haciéndose una chabola para vivir allí­ con ella y con el crí­o, y con cuatro cartones se la hizo aquí­ al pie del monte, porque aquí­, aunque usté no se lo crea, todo esto, antes, eran campos, oiga, campos. Mal, muy mal acabó, qué quiere que le diga, como la madre, borracho, mendigo, qué pena, pero es lo que yo digo, que uno nace para lo que nace, y el Grúa cómo iba a acabar ¿eh? Pues eso.
Tomás Galindo ©

domingo, 10 de diciembre de 2006

Veinte minutos con Mario.

…y cuando me di cuenta, pues ya se habí­a ido ¿tú te das cuenta? ¿Mario? Huy, tú qué te vas a dar cuenta, si ya te has dormido. Hijo, no sé qué facilidad tienes para dormirte, pero es que lo podí­amos embotellar y vender en las farmacias. Es la leche, que siempre te me quedas sopa cuando te estoy hablando. Nada. Una aquí­ hablando sola, como siempre. Si es que hasta cuando estás despierto hablo sola, qué más me da. Hay que joderse, qué carita de angelito se te pone, hijo, mí­ralo. Y lo bien que duermes, es que da gusto, es que no te despierta un tren que pasase. Será que tienes la conciencia tranquila. O que piensas poco. Las dos cosas, porque mira que piensas poco, Mario, que piensas menos que un capazo perros, que decí­a mi abuelo: «Este marido tuyo piensa menos que un capazo perros, hijica». Eso me decí­a, y qué razón tení­a. Si pensaras más otro gallo nos habrí­a cantado. Aunque con esa pachorra tuya que tienes, mejor que no, quita, quita, mejor así­ que así­ ya pienso yo por los dos. Aunque para lo que me cunde… porque es que todo me lo tienes que chafar, mira que basta que yo planee una cosas, pues tú, zas, aún no te has dado cuenta, ya me has chafado el plan que sea. Qué habilidad tienes hijo. Para eso sí­ que eres hábil, para chafarme los planes, qué torpe, pero qué torpe eres. Sigue. Sigue durmiendo, tú no te alteres, eh. Nada, nada, como si no fuera contigo.

lunes, 8 de mayo de 2006

Koiné Peplou (tragedia griega de las que ya no se ven, oiga)

Coro: En un lejano paí­s viví­a una hermosa niña de luengos cabellos dorados.

La niña: (Lleva una gran piruleta y una muñeca) Oh, qué linda soy.

Coro: Su vida transcurrí­a dulce y placentera entre juegos inocentes.

La niña: Oh, qué hermosa es la vida. (arranca la cabeza a la muñeca con gesto dulce y bondadoso y tira cada cosa por un lado, los del coro miran mitad hacia un lado, mitad hacia el otro, luego se miran unos a otros y cabecean, como diciendo, vaya niña)

La madre: (entra, recoge los dos pedazos de la muñeca, los une, coge una silla y se sienta al lado de la niña, no perdiéndose nada de lo que dice y haciendo gestos al coro como de que no le gusta nada esa gente)

Coro: Nada interrumpí­a el amable discurrir de su existencia infantil.

Niña: Oh, qué bonito es ser niña.

Coro: Hasta que de repente, un infausto suceso trunca tan agradable existencia. ¿Qué le pasará a la princesita? ¿Tendrá angustia vital? ¿Tendrá conflictos internos? ¿Almorranas?

La niña: Oh, qué triste y desolada estoy.

Coro: Cuenta, cuenta. (ponen gesto de gran interés y se acomodan)

La niña: (a su madre)
Querida progenitora
de mis dí­as dulce autora,
Siento algo en mi interior
que me llena de pavor.
Una extraña comezón
de congoja y desazón,
un raro dolor allí­
que jamás antes sentí­.
Y lo que es más repugnante
asqueroso y aberrante:
en mi intimidad más honda
una hemorragia hedionda,
y una sensación taimada
de andar por ahí­ pringada,
acompañada a su vez
de terrible fetidez.
Y me ha dado la psicosis
de que tengo hasta alitosis.
Di, mamá ¿qué amargo trance
me ocasiona este percance?
¿Qué espantosa enfermedad
me corroe con maldad?
¿Qué virus o qué bacteria
me provoca tal histeria?
¿Qué tara tan inaudita
me hace ensuciar la braguita?

sábado, 22 de octubre de 2005

Una boda con muchos humos


UNA BODA CON MUCHOS HUMOS
(Juguete cómico en un acto y un epí­logo)
por Oz

Reparto

Felipe (novio)
Doña Reparación (madrina)
Letikia Conca (novia)
Pichurri (parejita, chico)
Pastelito (parejita, chica)
Don Fadrique Conca (padrino)
Romerales (policí­a) y Doña Fina (abuela)
El Vespa (chorizo) y Don Vespasiano (abuelo)
Padre Manolito (cura)
Paquito (mónago)

Escenario: Es un jardincito con pared al fondo, se ven sillas, una mesa con algunos paquetes y cajas, se ha de dar impresión de que se guardan cosas para la celebración de la boda al otro lado de la pared, como sillas y mesas plegables. Hay macetas entre las candilejas y plantas y flores. Colgado de la pared, el incensario, de buen tamaño. En la pared hay un letrero de baldosines de colores que reza Villa Letikia

Acto Primero
Escena 1

El Vespa:
(Entra por la entrada de espectadores, corriendo que se las pela hacia el escenario y gritando) ¡Ay que me pilla, ay que me pilla el jodí­o madero! (Intenta sentarse entre dos personas, luego camuflarse de niño de pecho) Oiga, usté diga que soy su nene, señora (se sienta encima de un señor con bigote) Caray, si tiene más pelos en la cara que mi tí­a Justina. ¡Ay que destas me atrapa el Romerales, ay que me manda a Carabanchel con mi padre, y mis hermanos y mis tí­os y mis primos, y mi tí­a Justina! (sigue corriendo y sube al escenario) ¿Y dónde escondo el alijo? Porque como me coja con el material encima me manda a Carabanchel con mi padre, mis hermanos y mis tí­os ¡a ver si es ese ruido que oigo! (se oye un ruido por la entrada de espectadores) Qué bruto es, que frena contra los buzones. ¡Ay que me agarra, y me prometió ponerme las esposas de chica, que aprietan más! ¡Ay mi madre que en la cárcel de Yeserí­as esté ¡Ya sé! Voy a esconderlo en esta maceta aquí­ colgada, que no tiene plantas dentro y no la regarán. (por el incensario que está colgado en la pared) Debe ser de esas para plantas trepadoras, pero se les habrá muerto ¡Yo me las piro! ¡Agua! (sale por el foro)

Escena 2

Romerales:
(Con bigote, exhibiendo un pistolón tremendo y unas esposas, y con la estrella de sheriff en la solapa de la cazadora, a gritos a los espectadores) ¡Nadie se mueva! ¡A ver, que salga el Vespa de donde esté escondido o os llevo a tos a la comisarí­a! ¡Conmigo bromitas no, eh! (va inspeccionando las filas de espectadores y metiendo la pistola a los niños por la nariz) ¡A ver, usté, crí­o! (a un niño pequeño) ¿Usté no serás un cómplice del Vespa, verdad? ¿Usté no querrás que te lleve al calabozo, eh? A ver, por dónde se ha ido el Vespa, eh ¡canta! (espera a ver qué le dice el niño, y, diga lo que diga, prosigue) Este niño seguro que acaba mal, muy mal, con esa cara de malhechor no debe ser trigo limpio, no (volviéndose rápido amenazándolo con la pistola) ¡Mucho ojo conmigo, chaval, te tengo calao, eh, te tengo calao, y a mí­ el que se me mete entre ceja y ceja mucho ojo! (sigue y sube por el escenario) Seguro que se piensa esconderse entre los invitados a esta boda, seguro. ¡Pues no me se ha de escapar! ¡Como me llamo Romerales! (volviéndose amenazador de nuevo a los espectadores) ¡Y todos ustedes vosotros mucho ojito que os tengo calaos también, eh, ojito que me he quedao con vuestros caretos de tos ustedes! (Se mete la pistola en un bolsillo y se cierra la cazadora de golpe y a lo bestia, y claro, se atiza un pistolazo en sus partes) ¡Cagüen la parabelum esta! ¡esto con el naranjero no pasa! ¡Si es que son un peligro hasta sin disparar! (sale por el foro)

Escena 3

Entran Felipe y Doña Reparación, ambos de tiros largos, ella muy pintada y andando como si pisara huevos, él estirándose de la parte de la bragueta hacia abajo de vez en cuando.

Felipe:
Mamá, que es que me aprieta.

Doña Reparación:
Pero que te aprieta qué, Felipe, hijo.

Felipe:
(Estirándose los bajos del pantalón) De de (mirando a los espectadores como diciendo, de dónde va a ser) de la parte esta.

Doña Reparación:
Pero qué flojos sois los hombres, a mí­ me están matando los zapatos y ¿me ves tú quejarme?

Felipe:
Pero mamá, si no haces otra cosa desde que hemos salido de casa, quejarte. Y andas que pareces una pelí­cula de misterio (se pone a andar de puntillas como subrepticiamente) ¡Ay! (se vuelve a estirar) Me tira esto.

Doña Reparación:
¡Oye, niño, menos cachondeo con tu madre, y menos quejas, que si por ti hubiera sido te casas en vaqueros! (mirando alrededor) Claro que, bien mirado, no habrí­as desentonado con el escenario este ¡mira que hacer la boda en un corral, qué gente, hijo, qué gente! ¿Estás seguro de que quieres casarte? Aún puedes echarte atrás, nos volvemos a casita y tan frescos, que allí­ tenemos aire condicionao.

Felipe:
Corral no, mamá, jardí­n, es un jardí­n. Y por mucho que os empeñéis tú y mi futuro suegro, Letikia y yo pensamos casarnos.

Doña Reparación:
Pero qué jardí­n ni qué jardí­n, si esto era la vaquerí­a de los Conca, el padre de tu suegro, anda que no he venido yo veces a comprar leche aquí­. Bueno, muchas no, porque ya sabí­a to dios que le echaban agua a rí­os. Y no tení­an el letrero este con el nombre de tu novia, poní­a Casa Conca, leches. Pero los parroquianos llamaban a la vaquerí­a esta el Aconcagua, qué llanotes somos en este pueblo.

Felipe:
La boda es aquí­ detrás, en la pérgola, muy bonito, mamá, con un emparrado, ya verás.

Doña Reparación:
Sí­, ya veré, ya veré cómo nos devoran los mosquitos. Pero a quién se le ocurre una boda al aire libre, con estos calores. A mí­ me va a dar algo. ¡Pero en fin, qué no hará una madre por sus hijos! ¡Deja de estirarte que te lo vas a dar de sí­ y luego ya no te va a servir!

Felipe:
(escandalizado) ¡Mamá por dios!

Doña Reparación:
Sí­ hijo, que lo podrí­as llevar para la boda de tu primo dentro de dos meses.

Felipe:
Ah, bueno.

Entran el padre Manolito y Paquito el mónago.

Padre Manolito:
(A Paquito) ¡Qué calor, Paquito, qué calor, nos vamos a derretir con el traje de faena!

Paquito:
Vaya faena, padre Manolito, vaya faena.

miércoles, 16 de marzo de 2005

Pacita



-Pacita, hija, tráeme el chal
Y allá que iba Mari Paz, china chana china chana, arrastrando las pantuflas con forma de perrito lanudo, con dos bayetas debajo para no manchar el piso recién encerado, a ponerle el chal a mamá.
-Sí­, échamelo por los hombros.
-¿Te pongo un cojí­n, mamá?
-Ay, hija, Pacita, qué serí­a de mí­ sin ti. Cuando me vaya te vas a quedar muy ancha, hija, pero muy ancha, mira que te doy quehacer.
-Mamá, no digas tontadas, anda ¿te pongo ya la tele?
Y yo qué haré… y yo qué haré, pues yo qué sé, me compraré un perro, o me haré de una oenegé, o me echaré al chat, que dicen que es muy pecaminoso… Novio me tení­a que echar, caray, un novio es lo que me hace falta. Al menos en parte. Jaaaaaa, en esa parte. Ay madre, que mal voy yo de la cuestión sexual, joder. Un perrito. Pero luego qué hago yo cuando vaya a trabajar, y con la de horas que hago algunos dí­as… mejor un gatito, los gatos se apañan muy bien en la casa. Ya dicen que los perros son del amo y los gatos de la casa. Pues un gato. Así­ cambio mi habitación por la de mamá y le puedo poner un sitio para él en la de los trastos, sacando mi cama. Pero hay que ver… si mamá no se ha muerto, y yo qué haré el dí­a que se muera mamá… pues seguir, y hacer de mi capa una minifalda, caramba, que se me va a pasar el arroz aquí­ cuidando a mamá. Cuarenta. Se dice pronto, pero cuarenta. Y aquí­ con mamá y con O.T. Vamos que si se me ha pasado…

martes, 8 de marzo de 2005

Desencuentro


La basca: Fenómeno ¡pasa pues!
La basca: Hosti, el guaperas.
La basca: Nene, que nos tienes nerviositos aquí­ esperándote, este ya se ha comido dos bolsas de cacahuetes de los puros nervios.
El chico: Qué pasa, ¿ha durado poco la misa hoy, era aburrido el sermón?
La basca: No escurras el bulto, tí­o, ven aquí­ y empieza a largar
La basca: Venga, que quedas un sábado con la rubia esa y apareces hoy a las mil, aquí­ se viene temprano, tí­o, a fichar, a dar el parte.
El chico: Pero si no hay nada que contar.
La basca: Huuuuy, este no ha mojao.
La basca: Y yo que creí­ que ibas a triunfar con la rubia.
El chico: Si es que cada dí­a entiendo menos a las mujeres, coño.
La basca: ¿Qué pasó pues?
El chico: Na… cenamos en un chino y me contó su vida…
La basca: …esa querí­a rollito, cuando te cuentan su vida es para tener argumento en la cama.
El chico: …y es una tí­a maja, con sus ideas. Bien. Que si la mujer hoy, que si la educación, que si la globalización. Y yo que bien, que bueno. A mí­ todo eso me parece muy bien, joer, pero me parecí­a un examen. No veas cuando le he dicho que no pertenezco a ninguna oenegé, me ha mirado mal.
La basca: Eso es un fallo, tí­o, tenemos que hacernos de eso de las ballenas o alguna cosa, que si no luego nos dicen que no hacemos nada útil.
La basca: Yo soy del Rayo, macho, eso es útil, nos oponemos a la tiraní­a del Madriz.
El chico: Pero bien, cenando y eso bien, y luego en el concierto joer… me cogí­a la manita, me abrazaba…
La basca: Tí­o… que en esos casos le tení­as que haber frotado la cebolleta, para que sopesara ¡para qué sirven los bailes si no!
El chico: Muy bien, muy cariñosa, y larga que te larga, no veas cómo larga la tí­a, no para, tiene argumento para cuatro documentales de la nasional yeografic… Así­ que yo me decí­a que menos mal que llevo la cajita Durex en el buga.
La basca: Si no mal rollito, mira lo que me pasó a mí­ con la Vane, cuando lo de la vomitona.
El chico: Pues na, luego la fui a llevar a su casa en el buga, y para ir al barrio… pasando por el parque, y la tí­a que si la fuente iluminada estaba muy bonita… Así­ que paro para mirar la fuente, los dos hablando, yo que también habí­a visto la de Maradentro… y la tí­a se me pone a hablar de Maradentro y yo digo, coño, como nos liemos con esa mierda le da una angustia y no se hace hoy aquí­ nada. Así­ que me acerco, joer, la tí­a, con lo rica que está y con la blusa esa…
La basca: Vaya pitones
El chico:…y le planto un beso en los morros.
La basca: Olé ¿Y qué pasa… no entendió la indirecta?
El chico: Que no entiendo a las tí­as, coño, va y se me echa a llorar…
La basca: Hostia, la jodimos
La basca: Cuando te lloran… ufs…
La basca: Yo cuando pasa eso me las piro, tí­o, no quiero malos rollos, que cuanto más lloran más quieren.
El chico: Que si no la habí­a entendido. Que si no era eso lo que querí­a de mí­. Que se habí­a llevado una decepción…
La basca: No te preocupes macho, si es que hagas lo que hagas siempre se van a llevar una decepción, así­ que para qué molestarse.
El chico: Y que si habí­a pensado que yo no era de esos que sólo quieren eso. Pero qué pasa tí­a, pero de qué vas, coño, venga a miraditas y venga a acariciarme la mano y a rozarme, pero qué pasa, y ahora te echas para atrás. No me jodas.
La basca: Hostia, este con el rabo tieso y la otra con filosofí­as.
La basca: Siempre igual, eh, siempre igual con ellas.
El chico: Y me dice que creí­a que era un alma gemela, tí­os, es que me desgüevo. Un alma gemela. Joder, si querí­as un alma gemela haberte ido con el Segis, que es de Grinpí­s, y escribe poesí­as, y lleva crí­os de excursión los domingos, coño.
La basca: Y tiene granos, y está gordofati y lleva gafas de culo vaso.
La basca: Macho eso es que ha detectado que eres su alma gemela cuando te ha visto el culo que sacas, y que estás cachas de gimnasio.
La basca: Asi son las tí­as, se fijan en un tí­o bueno y luego resulta que como no eres el Dalai Lama se decepcionan.
El chico: Me fui al Pachá que estaban la Vane y la Susi y estuve pensando si irme con la Vane al buga… pero joer… no me apetecí­a, tí­os. De verdad que no me apetecí­a hacérmelo con ninguna, en serio.
La basca: Eso es grave, tí­o, a ver si te has colgao con la rubia.
La basca: Eso se te pasa en cuanto te la chupe otra.
La basca: Pero la rubia tiene que ser una pasada, tí­o, con esas tetas. ¿Por qué siempre las tí­as más buenas tienen que ser unas calientapollas, coño?
El chico: Pues tiene un culo macizo…
La basca: ¡Tí­ooooo, eso no nos lo has dicho!
El chico: Na, bailando, que la cogí­a de la cintura y la tí­a me lo puso en la mano un par de veces con los meneos. Fijaos si no me tendrí­a salido. Y luego salirme con las almas gemelas. Coño, puta, cuando se me colgaba del brazo en el concierto la tí­a me sobaba el brazo, tí­os, me lo sobaba, vamos… De verdad que a veces me pregunto si las mujeres…. ¡coño pita falta el mamón! ¡Pero qué falta si se ha tirao a la piscina…!
La basca: Qué dices de las mujeres
El chico: Que tení­an que poner de esas tí­as como en la enebeá, que salieran bailando mientras ponen la barrera o hacen un cambio, y en los intermedios, ahí­ con la faldita… eso digo.
La basca: Muy bien dicho, chico.
La basca: Eres un filósofo.

Pero esto sólo es el punto de vista de él. Aquí puedes escuchar también el punto de vista de ella. Nada que ver.