lunes, 25 de agosto de 2025

Yéndome

En cada cosa veo
un alma silenciosa que la llena,
diminuto deseo
de trascender a la existencia plena. 
Un hilito de agua, de agua que huye.
Un hilito de agua y todo confluye.
Un hilito de agua en la tierra muerta
y el verde despierta.
Dónde estaba la hierba mientras tanto,
en qué sueño dormía
¿y el ave que dice con su canto
que ya comienza el día?
Nos explica la piedra dónde estamos
con su duro lenguaje,
que pronto seremos miligramos
de sal en el paisaje.
Y la raíz del pino
que nunca se está quieta
es puro torbellino
y galerna discreta.
Quién sabe si es la prueba 
de que pensó ser lento
cohete que se eleva
a la sustancia azul del firmamento. 
El río puesto en pie
se va y me lleva,
me hace su caudal, me transparento.
No sé si volveré.

T. Galindo

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