lunes, 26 de mayo de 2008

El ejercicio del músculo

Que el músculo que no se ejercita se atrofia es cosa bien sabida, pero no sólo los músculos fí­sicos cascan con el desuso, sino también los mentales. En la oficina una vez me puse a recitar y alcancé setecientas y pico cuentas de clientes, con su código, los quinientos números de teléfono más usados, y fui capaz de identificar por su dni doscientos clientes. El caso es que desde que hay teléfonos móviles no recuerdo ni un número. ¡Claro, para llamar a mi mujer ya no tengo que poner un número, pincho donde dice Manu y ya está! ¡El chisme moderno nos priva del ejercicio mnemotécnico!
Los niños en la escuela se resisten a aprender cálculo ¿para qué, si se hace tan fácilmente con una calculadora? Cada vez necesitamos recordar menos cosas, tenemos agendas electrónicas que nos dicen los cumpleaños, calculadoras que nos calculan las hipotecas (no necesitas ni saber la regla del interés simple), llamamos por teléfono marcando cosas como «movil mama», mandamos correos electrónicos mirando la agenda de contactos… pero se nos atrofia la cosa esa… cómo se llama… eso de que piensas algo y se te enciende una bombillica y te acuerdas…

En fin, que hay un invento que todaví­a no ha llegado, y claro, lo he tenido que hacer yo con estas manitas, porque ya estaba bien de no saber dónde tenemos los coches. Claro, cada dí­a aparcándolos en este barrio que aunque sean cuatro calles te vuelves loco dando vueltas, y luego no sabes si lo has dejado delante de la farmacia o eso fue ayer… ¿o anteayer?
Así­ que lo solucioné con este nuevo invento, el aparcadespistógrafo, que, como veis, es tan fácil de usar. Se pega en la nevera y sólo hay que cambiar un imancito de sitio y ¡vualá! ya sabes dónde coño dejó ayer el coche mi marido.

Creo recordar vagamente que habí­a algún otro músculo también muy dañado por el desuso…

jueves, 22 de mayo de 2008

Las rosas por tus muslos

https://youtu.be/Y_oQBB0ZqOY

las rosas por tus muslos se entrelazan
ascienden dejando sin cuidado
tobillos de equilibrio delicado
y de los pies al talle se desplazan
allí­ la espalda impone sus razones
su desnuda extensión hace que salga
el milagro rotundo de la nalga
que se divide en dos melocotones
las manos tan presurosas dulcemente
poca paloma son a tanto cielo
en esa trayectoria del consuelo
que convirtió el amor en su tangente
los pezones encienden sus carmines
la palma de mi mano hizo sus hormas
y de los pechos las convexas formas
se yerguen a saltar como delfines
las lenguas en las bocas se consumen
los ojos en los ojos se están viendo
la piel con la piel va coincidiendo
cuando el amor alcanza su volumen
y el deseo delata su presencia
y me atrapan tus piernas sorprendidas
ofreciéndoseme desguarnecidas
cuando voy a besar su confluencia
cuánto acuerdo qué exacta convergencia
cómo la carne en asombroso metro
corona la corona con su cetro
cómo origina unión la diferencia
cómo se recorre el camino entre
tu corazón y el mí­o en un momento
cómo las olas en blando movimiento
copiaron las frecuencias de tu vientre
qué suave exhalación qué irse el alma
qué rendido favor hallé en tu abrazo
qué pincel dibujó de un solo trazo
viva la exaltación tenue la calma
cuando la lasitud extenuada
separa continente y contenido
cuando entre mis brazos se ha dormido
la tórtola que fuiste acurrucada
por entre tus cabellos me resbalo
por entre tus cabellos hago nido
parece que no estés que te hayas ido
dejándome tu cuerpo de regalo
el fácil manantial de tu sonrisa
por arrullos cambió sus cascabeles
pero cuanto más tierna más me dueles
pero cuanto más tierna más precisa
mi propia voluntad ser mi enemiga
más me dueles amor cuando te veo
dormir en la ceniza del deseo
desde la orilla azul de la fatiga
el pecho reposado sube y baja
potro que refrenó su galopar
astro que su reflejo tras brillar
se materializase en una alhaja
y cómo despegar de lo profundo
y los pubis quién los desenreda
y quién que te haya amado no se queda
despavorido de volver al mundo
no me dejes mi bien sigue durmiendo
quédateme en los brazos ovillada
oliéndome a mujer recién amada
que ahora que va el sexo sucediendo
crece el deseo de no decirte nada
y decirte a la vez que es justo ahora
cuando empieza el amor cuando atesora
su espiritualidad acariciada
y nos dejamos todo en el empeño
de saber que por siempre nos amamos
quedémonos así­ y no volvamos
del territorio amable del ensueño
Tomás Galindo ©

lunes, 19 de mayo de 2008

Izquierda nacionalista

¿Tiene algún sentido ser de izquierdas y nacionalista? Yo no se lo encuentro, es más, me suena a contradictorio, se supone que la polí­tica de izquierdas propone precisamente la atenuación, cuando no la desaparición de las naciones. Las naciones, que tuvieron su origen en las diferencias geográficas, y que eran algo tan lógico, en estos tiempos de la desaparición de fronteras (o de otras nuevas no geográficas), de las empresas multinacionlaes, de las comunidades nacionales, van perdiendo su sentido.
Muchas veces se ha escrito que gran parte de las guerras han tenido un origen religioso, o de clase, pero sobre todo, la mayorí­a de las guerras han tenido su origen en los diferentes intereses nacionales.
La izquierda, la mentalidad polí­tica liberal, socializadora, igualitaria, ha de perseguir la abolición de las naciones, como última barrera diferenciadora entre las personas. Y los polí­ticos que hacen su cosecha de votos y de adeptos al grito de «nuestra nación» o no son de izquierdas, o tienen un mensaje tan flojo que si realmente lo pusieran por delante de la llamativa propaganda nacionalista (que siempre tiene su tirón por su contenido rebelde) no se comerí­an un rosco.
Yo desconfí­o de los que buscan la independencia de unas naciones con respecto a otras, en vez de trabajar sobre todo por la independencia de las personas con respecto a otras.

Receta para la felicidad

Amor y humor (no sé si por ese orden).

viernes, 16 de mayo de 2008

Sic transit gloria coches

Llamada telefónica 1:

– Papá, papá, que como soy tan buena, me podí­as regalar un coche ¡el tuyo por ejemplo! Y te compras otro.

– Glups.

– ¡Gracias papi, sabí­a que entenderí­as mis nuevas necesidades kilométricas! ¡Qué bien, qué bien, ya soy autónoma!

– Esteee…

Y allá que se fue ella con su (mi) leoncito querido, Peugeot 206, que era una maravilla y no conocí­a el taller. Ay, qué tiempos. Vedlo, ahí­, a la derecha, todo nevadito, qué lindo.


 

Llamada telefónica 2:

– Hola papi.

– Hola hiji.

– Esteee… que he plegado el coche, siniestro total, acuaplaning, zas, tortazo, piedros debajo, chof dirección, chof patapún motor, catacrás chasis…

– Glups.

– ¡Pero yo estoy bien, eh, yo estoy bien! !Qué suerte! ¿A que sí­?

 

– Puesss que no merecí­a la pena arreglarlo, estaba muy viejo. Linda se habí­a comido la tapicerí­a. Habí­a miguitas. Y tal. Así­ que me he tenido que comprar otro, uno nuevo, mejor que el tuyo.

 

 Por lo visto conduce como yo, porque se ha pegado el mismo tortazo que me pegué yo, en el mismo sitio, y también con un coche (Ford Scort) a la chatarra… ¡pero que me venga presumiendo de que tiene un coche mejor que el mí­o! ¡Ja! ¡Amos, anda! ¿Eso de quién lo habrá aprendido?

lunes, 5 de mayo de 2008

¡Gracias Zaragoza!

¡Gracias, gracias! ¡Qué emocionado estoy! Tení­a que ser en mi pueblo, cuna del cinematógrafo español, donde por fin se ha hecho justicia al octavo arte. Veo con el corazón transido de gozo que se han abierto las siguientes calles nuevas en esta ciudad:

Calle de Cantando Bajo la Lluvia
Calle de Sombrero de Copa
Calle de Gatopardo
Calle de la Linterna Roja
Calle de los Siete Samuráis
Calle de La Diligencia
Calle de Los Puentes de Mádison
Calle de Veracruz
Calle de Manhattan
Calle de Con Faldas y a Lo Loco
Calle de Una Noche en la í“pera
Calle de La Ventana Indiscreta
Calle de Belle Epoque
Calle de Volver a Empezar
Calle de Todo Sobre Mi Madre
Calle de Calabuch
Calle de Luces de la Ciudad
Calle de La Quimera del Oro
Calle de El Halcón Maltés
Calle de La Reina de África
Calle de Los Pájaros
Calle de El Ángel Azul
Calle de El Expreso de Shangai
Calle de El Doctor Mabuse
Calle de Un Perro Andaluz
Calle de Viridiana
Calle de El Acorazado Potemkin
Calle de La Gran Ilusión
Calle de La Caza
Calle de Mi Tí­o
Calle de La Atalanta
Calle de El Tambor de Hojalata
Calle de El Maquinista de la General
Calle de La Prima Angélica
Calle de Furtivos
Paseo de Los Olvidados
Avenida de Casablanca
Además, al ladito tienen la Avenida de la Ilustración, la Calle de las Bellas Artes y el Parque de La Razón.
¡Las lágrimas se me saltan!

Ver mapa más grande

(Esto me recuerda que no hace mucho estuve en Rubí­, paseando por la Calle del Atletisme, del Fútbol, del Hoquei, del Tennis, de la Halterofilia, del Ciclisme, de la Pilota Basca, de la Natació, y de la Petanca… no está mal, pero no es lo mismo, eh)

domingo, 4 de mayo de 2008

Historias tontas XI - Coches y cortinas


Paula y Roberto o Roberto y Paula, que tanto monta, son una pareja de amigos nuestros, buenas personas, formales y simpáticos. Llevan años ya viviendo juntos y por fin parece que piensan formalizar su relación. No es que se vayan a casar, se ve que eso del papeleo es lo de menos, pero han hecho un esfuerzo económico, se ve que tení­an unos ahorros, y han cambiado de casa; se han ido a vivir a un piso de alquiler amplio y en un buen barrio; bueno, en realidad aún no se han ido, primero lo están arreglando y amueblando, luego se irán. Y también piensan cambiar de coche, ya que el barrio queda lejos de donde trabajan.
Paula y Roberto son dos personas modernas, de este siglo, sin complejos y sin tonterí­as, que pasan de la lucha de sexos y se reparten las tareas de casa. Los dos son buenos profesionales, tienen treinta y tantos años, ganan un sueldo algo
mejor que la media y si les preguntas por los hijos te contestan que cuando se vean en su nueva vida en el piso nuevo se lo comenzarán a pensar, pero que no han hecho planes y tampoco les atormenta esa frase tan horrorosa de que se les pueda pasar el arroz.
Tanto monta, monta tanto, ya digo, Roberto y Paula lo deciden todo a dúo y no se tienen adjudicado un papel por razón de su sexo, los dos friegan el baño cuando les toca, bajan la basura o pliegan bragas y calzoncillos.
– No os creáis que todas las parejas son como vosotros – les digo – Lo normal es que la mujer cocine y el marido arregle el grifo que gotea y esas cosas de hombres.
– Pero se cocina cada dí­a, y en cambio las cosas de hombres como cambiar fusibles y arreglar grifos sólo pasan de vez en cuando – me aclara Roberto – Además, yo cocino mejor que Paula.
– Cierto – dice ésta – tiene muy buena mano cocinando, yo no sé cocinar, o me salen las cosas crudas, o las quemo, o sosas o con un kilo de sal. Hay quien nace cocinera, pero yo no tengo ese talento. Eso sí­, si hay que pintar una pared me las apaño mejor que Roberto, ya ves. Como ves, con nosotros no van los roles sexuales.
Cuando me dijo esto asentí­, pero al momento me asaltó la duda ¿era realmente así­? ¿Es posible que una pareja llegue totalmente a vencer tantos siglos de historia, tantos siglos de división sexual?
– Te oigo, Paula, pero no acabo de creérmelo, qué quieres que te diga. Algún fallo ha de tener tu posición por algún lado ¡no vais a ser los únicos!
– Vale, pues como tú digas, pero así­ es – terció Roberto –
– ¿Seguro? – insistí­. Y mientras lo estaba preguntando se me ocurrió una maliciosa idea – Ahora que estáis poniendo el piso nuevo, y que os vais a comprar el coche, decidme ¿va Paula a elegir el coche y Roberto a elegir cortinas y visillos?
Se echaron a reir los dos, se miraron, se tomaron de la mano mirándose con cara enamorada y casi se interrumpieron en uno al otro para decir ambos lo mismo.
– Pues mira, no lo habí­amos pensado, pero por qué no.
Y ya dialogando entre ellos así­ quedaron.
– Venga – dijo Paula – yo voy mañana a mirar lo del coche.
– Y yo me paso por la tienda esa que nos gustó y elijo las cortinas.
Y todos nos reimos mucho, y cenamos y charlamos y se fueron los dos cogidos de la mano.
Pasó bastante tiempo hasta que los volví­ a encontrar, por separado, aunque con pocos dí­as de diferencia. A Roberto lo vi con una chica guapita, con carita de sonsa, como de veintipocos años.
– Chico, no nos iba bien, ya ves, fue irnos a ese piso y empezar los malos rollos, y de un dí­a para otro cada uno por su lado. Me alegro, porque así­ conocí­ a Julia y nos va muy bien.
– ¿Pero qué pasó pues? Se os veí­a muy unidos.
– Tuvimos una buena por culpa de las compras que hicimos. Por lo visto no tengo gusto para las cortinas, ni para el tapizado del sofá, ni para la lámpara del comedor, ni para la alfombra del baño, ni para la cortina de la ducha, que por lo visto no puede tener delfines saltando.
– ¿En serio me dices todo eso?
– Que qué manera de tirar el dinero, me dijo ¡como si ella no hubiera tirado mucho más comprando un Citroen Furio
– ¡Hostia! ¿Un furio compró? – dije estremecido –
– Color verde amarillento bilis además, aunque esto es lo de menos cuando te dicen que uno compra las cortinas de color azul bolsa de basura.
– Qué fuerte, así­ ya te comprendo, tienes motivos, tienes motivos. En fin que te vaya bien con Julia, parece muy maja.
– En la cama he ganado mucho – me confesó en un aparte Roberto – nunca le duele nada ni tiene jaqueca ni estrés, ni está pidiendo a gritos unos implantes mamarios.
En eso tení­a mucha razón observé mientras me despedí­a de ambos.
Un par de dí­as después vi a Paula, iba del brazo de un señor bastante mayor que ella, rozarí­a la cincuentena, aunque de buen ver, con chaqueta azul marinera y polo rojo, y atractivas canas en las sienes. Se acercaron a un Audi A5 negro, él le abrió la puerta y ella entró y se perdieron entre el tráfico.
Qué cosas.