lunes, 8 de octubre de 2007

El margen de beneficios


¿Alguien sabe por qué cada año suben los precios de todo y se han de ajustar sueldos y pensiones? Ya sé, ya sé, la macroeconomí­a es un lí­o. Aunque no os lo creáis, hubo tiempos en que los precios de las cosas permanecí­an estables por periodos de tiempo indefinidos. Los gobernantes se permití­an, incluso, dictar los precios de determinados productos básicos, como el pan, y hacer de la hogaza prácticamente un patrón como lo es hoy el oro. La verdad es que hasta hace bien poco tiempo se ha venido usando el trueque como forma básica del comercio, y no el dinero. El dinero ha estado vinculado a su aspecto de moneda, y monedas habí­a demasiadas y nadie sabí­a bien cuánto valí­an, habí­a que determinar su composición, si era oro, plata, cobre o aleaciones tradicionales, lo que hací­a que todo se complicase mucho. La falta de moneda complicaba el comercio, pero también hací­a mucho más estables los precios, porque el dinero se usaba, sobre todo como referencia para comprar una cosa y vender otra, de tal forma que cuando uno pedí­a un bolsón de ducados por unas reses, lo hací­a pensando en que ese bolsón es lo que le cobraban por unas fanegas de trigo, con lo que no importaba mucho el tamaño del bolsón, sino el de las vacas o el grano. El dinero se usaba temporalmente, tení­a un uso, y eran contados los que tení­an tesoros en sus arcas, la gente preferí­a cosas más palpables y menos robables, como tierras y ganados. No es hasta el establecimiento de las primeras casas de bolsa en Amsterdam cuando se le empieza a ver la utilidad al comercio de dinero, y a los depósitos bancarios como bienes con auténtica capacidad de incidir en la vida social y polí­tica de los pueblos, como comercio en sí­, y no como una utilidad aneja al comercio. Recuerdo un episodio curioso de Luis XIV el listí­simo rey francés. Como andaba mal de dinero con los fiestorros de Versalles, un buen dí­a se le ocurrió hacer una moneda nueva, el nuevo luis de oro, recogió los luises de oro viejo, los fundió, hizo los luises nuevos y los repartió… pero de cada doce monedas hizo trece. Claro, el coletazo económico tardó en percibirse, pero esos trucos siempre acaban pagándose. Y el que paga es el pagano final: el paisano. Como cuando, dicen, Franco le daba a la manivela de hacer billetes y se pagaba lo que hubiera que pagar, aunque al poco tiempo hubiera otra devaluación, que nadie sabí­a bien qué era, hasta que subí­a la gasolina y todo lo que vení­a de fuera.
El caso es que el motivo de que los precios suban sólo tiene sentido en el comercio con el exterior, hay un toma y daca, un tira y afloja (eso es el comercio) se vende, se compra, y se pretende vender caro y comprar barato. Si a eso unimos que uno quiera un beneficio y que el trabajador pretenda mejorar, porque el trabajo también es una mercancí­a que se compra y vende… los precios suben. El aumento de los sueldos y pensiones es, pues, el factor de corrección, el trabajador que también sube su precio, tarde y mal.
Pero no hay que perder la perspectiva, todo eso se hace porque el principal objeto de comercio, la primera y principal mercancí­a del mundo es el dinero, el propio dinero, y todo eso que se corrige (y no siempre todo) es lo que ya se han metido al bolsillo los manejadores del cotarro, los de siempre. Y los pobres siempre vamos detrás tratando de recuperar la calderilla.
Con esto de internet ¿podrá Google acabar supliendo a los bancos? Que uno tenga una cuenta de dinero como tiene una cuenta de correo, y pueda ir pagando como quien pone un mail, y recibir ahí­ los cobros de la electricidad o la gasolina o la compra en las tiendas. Huy, lo que he dicho…

domingo, 7 de octubre de 2007

Joyitas de la red

¿Quiere usted ser súbdito?
El amigo Enrique Gallud Jardiel con su atinado verbo. No hay como acudir a un humorista para poder leer cosas serias, dichas de forma escueta, y con enjundia.

viernes, 5 de octubre de 2007

Que pase algo


Se ve que vivimos inmersos en una rutina que enfada, desgasta y atenaza los ánimos, de suerte que necesitamos que pasen cosas que la alteren. Lo que sea, pero que pase algo. Ayer asistí­ a los primeros anuncios de colonias en la tele, o sea, fragancias que se dice ahora, preludio inacabable de un latazo que nos acompañará hasta el mismí­simo dí­a de Reyes del año que viene. La navidad hay que anunciarla cuanto antes, porque las etapas intermedias entre fechas que se salen de la norma hay que apurarlas al máximo. Así­ vamos brincando de Reyes al carnaval, de ahí­ a la semana santa, de ahí­ al veraneo, las fiestas patronales, los puentes, hasta el de la consti, y por fin de nuevo, navidad. Por cierto que, como Todos los Santos es una fiesta triste y aburrida, está ganando adeptos a matacaballo la fiesta de jélogüin, mucho más diver, también la están anunciando ya, un mes antes; hay que empezar a comprar máscaras, disfraces y chucherí­as. El corty cada vez anuncia antes cualquier cosa que anuncie, y nosotros mismos hablaremos del invierno en noviembre, aunque no empiece hasta que casi acaba el año. El caso es olvidarnos de que es martes, o jueves, o lo que sea, de un triste octubre a mitad de camino de ninguna parte, trabajando, estudiando, aburriéndose, y pensar en que estamos tomando carrerilla para alguna diversión que nos depare el futuro.
Y esto es sólo la parte menos significativa del asunto. La otra es que anhelamos noticias fuertes, vivencias fuertes. Que alguien vuelva a invadir un paí­s en directo, como Irak mismo, para poder verlo por la tele con el culo prieto, por ejemplo.
Viene todo esto a cuento de lo que oí­ a unos viejos hablar, uno decí­a que tení­a que triunfar la polí­tica nacionalista a ultranza del PP y meter en la cárcel a todos esos batasunos, peneuvistas, los de esquerra y a los rebeldes y desobedientes, y si hací­a falta, mandar los tanques a patrullar por las ramblas o rí­a arriba, rí­a abajo. Y el otro le contestaba que sí­, que eso mismo, y que si no, que se rompiera la bajara y se cambiara la constitución y se hiciera una república federal y cada autonomí­a por su lado de una vez. ¡Les daba lo mismo! Cualquier cosa menos la polí­tica rutinaria, la falta de noticias sabrosas, y que el gobierno contemporice y contemporice sin romper ni cambiar nada. Les traí­a al fresco lo que pasara siempre que no siguieran en este impás, que dicen los franchutes.
El personal está más por la acción, por lo vistoso, que por la reflexión y su lento devenir. Algunos, ya se sabe, se meten con el coche por dirección prohibida para que les muerda la adrenalina, y sin preocuparse de que pueden matar a alguien, o darse la gran hostia o ambas cosas. Es peor aún cuando en vez de ser algún memo por su cuenta, o cuatro gamberros, son grupos sociales organizados. Y todo por matar el gusanillo. Lo malo del bienestar y el primer mundo es que aburren, habrí­a que buscar un jobi a la sociedad civilizada para que no nos dediquemos a joder la marrana. Los chinos, tan sabios ellos, y con tantos miles de años muriéndose porque no habí­a arroz para todos, tienen una maldición muy inteligente: Ojalá vivas tiempos interesantes.